La Embajada

El listado de Cafés Notables ofrece una variada tipología y se distribuyen por toda la ciudad. Por una lógica cuestión de antigüedad, la gran mayoría se concentra en el centro. Y dentro de éste, sobre la Av. de Mayo donde la comunidad española dejó su impronta. En el Café Iberia (Av. de Mayo y Libertad) paraban los republicanos. En la vereda de enfrente, en el Español, los franquistas. Pero existía uno en particular, de reducido espacio (si se lo compara con los inmensos cafés que se suceden o sucedieron a lo largo de nuestro eje cívico), ubicado a escasos metros de la avenida, en Santiago del Estero 88, que fue un reducto que reunió a españoles de diferentes colores e ideologías durante la Guerra Civil de ese país. Su nombre no pudo ser más adecuado: La Embajada.

Ph: Café Contado

Ph: Café Contado

La Embajada es el antiguo despacho de bebidas que completaba al almacén de ultramarinos que funcionaba en la esquina de Santiago del Estero e Hipólito Yrigoyen. El bar se mantiene casi igual al original. Boiserie, mesas de madera, sillas vienesas, piso de mosaico granítico, barra revestida en mármol con tapa de estaño y grifo con forma de cisne. Todo forma parte de un edificio de estilo francés construido en 1913 por los ingenieros Fox y Damianovich , y que llega hasta la esquina de la Avenida de Mayo donde hay un Starbucks. El contraste es Notable (con todas las acepciones, sentidos y simbolismos de la palabra). La decisión entre consumir una propuesta o la otra es toda una definición de principios y un verdadero acto político y de fomento del sentido de pertenencia. Sigue leyendo

La Buena Medida

La Boca es uno de los barrios más representativos de nuestra historia. Nació (prácticamente) a la par de la Fundación de la Ciudad, fue puerto, acompañó el desarrollo de la nación, recibió las oleadas inmigratorias, sufrió profundas crisis y se le conocen varios resurgimientos. Barrio con muchos de los Cafés Notables de la Ciudad. Pero con uno, en particular, que también podría integrar el listado de los cafés que apenas se notan o cafés del bajo fondo: La Buena Medida.

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La Buena Medida queda en Suárez 101, esquina Caboto, frente a una plaza mítica que fue la primera del barrio e inaugurada en 1894: Plaza Solís. En esa plaza, en abril de 1905, nació Boca Juniors. Pavada de capital simbólico. En ese mismo año, en una de sus cuatro esquinas, también abrió este almacén-bar que abastecía a toda la barriada y al pujante movimiento portuario. Es probable que el nombre se deba al modo de venta de principios del siglo XX cuando todo se pesaba y despachaba suelto. En uno de los espejos del interior del bar también se exhibió por años la leyenda “Para tomar bebida, tomar la buena, para tomar la buena, La Buena Medida”. La esquina fue cambiando de propietarios hasta ser adquirida por Ángel (el Bebe) Schiavone en 1972.

La plaza, la esquina y el bar sirvieron de escenario a varias películas. En 1969, Palito Ortega junto a Juan Carlos Altavista, Javier Portales y varios otros grabaron muchas escenas de “Los muchachos de mi barrio”. Las imágenes pueden encontrarse en youtube aunque no son de buena calidad. Pero fue en 2002 que La Buena Medida se lució como reducto del hampa y parroquianos lúmpenes. En “El oso rojo” de Adrián Caetano, Juilo Chávez junto al mago René Lavand, se lucieron en varias escenas. Durante una escena de una pelea, Julio Chávez se cubre en una ancha columna que hoy se encuentra en el medio del salón y que formó parte de la pared que dividió al almácen del bar original hasta ser adquirido por el Bebe Schiavone que unificó ambos ambientes en un único espacio. Sigue leyendo

Bar El Federal

No fue deliberado. Simplemente se dio. De los cinco cafés que conforman el grupo Los Notables (Poesía, Margot, Celta, de Cao y Federal) el único que aún no había contado era El Federal. Y en el año de su 150 Aniversario. Quizás me intimidó su inmenso capital simbólico y cultural más el temor a no estar a su altura. Porque El Federal carga sobre sus vigas y dinteles el peso de nuestra historia. A través de sus vidrieras se puede contar la vida de Buenos Aires. Nació como pulpería en 1864 cuando esto seguía siendo una aldea.

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Está ubicado en la esquina de Perú y Carlos Calvo, San Telmo, el famoso Barrio Sur del trazado original de Garay. Aunque la esquina, por décadas, fue la periferia de la ciudad. Luego se fueron afincando las familias adineradas que se establecieron en la zona hasta que la epidemia de fiebre amarilla de  1871 las corrió hacia el Norte. El Federal ya funcionaba. Y volvió a ser periferia. En su derrotero pasó de pulpería a prostíbulo y luego a almacén con despacho de bebidas. Es decir, la esquina siempre tuvo un destino “comercial”.

20140814_101902El Federal fue protagonista de los cambios, crisis, refriegas, persecuciones y primaveras políticas que nos cuentan. Imaginen la cantidad de historias de vida que acumulan sus mesas y sillas. O las confesiones que flotan en la barra. Miles de historias de amor, desengaños, rupturas, promesas, infidelidades, sobrevuelan el aire del lugar. Incluso no le falta un crimen pasional. Cuando funcionaba como almacén, se conoce que la hija del dueño engañaba a su pretendiente quien, enterado que estuvo del asunto, la asesinó en la puerta del local. 150 años, qué menos. De espectros que se pasean por sus salas, pero también de un repertorio tangible de imágenes paganas que transmiten información allí donde se fije la mirada. Aunque no siempre alcanza con ver para mirar. A la mirada hay que formarla. Es por eso que El Federal exige más de una visita. Todo el espacio está narrado en lenguaje de códigos. Y cuanto más se los comprenda más valiosa, reconfortante y enriquecedora será la experiencia. Sigue leyendo

El Boliche de Roberto

Buenos Aires tuvo hasta avanzado el siglo XX varios almacenes con despacho de bebidas. Por lo general el almacén estaba en la esquina con ingreso por la ochava y en una pieza separa pero contigua, también con salida a la calle, estaba la barra donde se juntaban por la tarde los hombres (no estaba bien vista la mujer que frecuentara esos ambientes) a tomar alcohol y jugar a las cartas. Cuando la legislación se modificó, muchos terminaron derribando la pared que los separaba y ampliando el salón reconvirtiéndolo en grandes almacenes que luego derivaron en bares o restaurantes. Los hay y muchos. Y muy conocidos: el Bar de Cao, Miramar, Difei, etc. Pero existe un caso singular en Almagro. El almacén de la esquina cerró y cambió de rubro y quedó sólo el pequeño bar que con los años se convirtió en el Boliche de Roberto.

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El Boliche de Roberto está en Bulnes 331, casi esquina Perón. En diagonal a la Plaza Almagro. Es uno de los Cafés Notables de Buenos Aires. Pero lo suyo es el bajofondo. Abrió en 1893 y se lo conocía como “La Casaquinta”. Tenía palenque donde descansaban los caballos de los carreros que iban al Mercado de Abasto. Más tarde se lo llamó 12 de Octubre (es su nombre oficial). En 1960 Roberto con su hermano Jorge heredan el almacén-bar. Sigue leyendo

Café Margot

Si en Buenos Aires el café es religión, el Margot es mi parroquia preferida. Y ya es hora que me ocupe de contarlo. El Café Margot queda en Boedo, un barrio que hasta hace unos pocos meses no disponía de una (sí, ni una) plaza. Mucho menos de un parque. Imaginen la importancia de los cafés como espacio de reunión e intercambio social para estos vecinos porteños. Los cafés de Boedo están cargados de historia: el Dante (ya cerrado, reunía a toda la feligresía sanlorencista); y la Esquina Homero Manzi (Café Notable, que lo único que mantiene inalterable con el tiempo es el solar que ocupa) son (o fueron en el caso del Dante) las dos puntas de un eje que corre por la Avenida y en donde (afortunadamente) hoy conviven distintas propuestas que conversan (o casi) con la identidad boediana. De entre todas, muchas cosas distinguen al Margot, aunque de arranque, parado en la vereda y sin entrar al café, se destaca su ubicación inigualable. El Margot está en Boedo esquina Pasaje San Ignacio, una cortada mistonga que lo carga de mística y magia.

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El Café Margot es uno de los cinco que pertenecen al Grupo Los Notables. Integra el listado de Cafés Notables de la Ciudad. Ocupa la ochava de un edificio centenario (1904) que siempre albergó establecimientos comerciales. Fue bombonería por los años ’20 y la Confitería Trianón a partir de 1940 (hoy mudada a 50 mts). En ésta, sus propietarios, el matrimonio Torres, inventaron el célebre sándwich de pavita cuyo secreto era que estaba elaborada al escabeche. Hoy en el Margot se lo sigue haciendo con la misma calidad de entonces. Sigue leyendo

Café Tortoni

A casi un año de comenzar este blog es momento de ocuparse del Gran Café Tortoni. En verdad, no lo hice antes porque es un café del cual queda poco por decir, mucho se sabe y es muy fácil encontrar información veraz. Pero, en fin, es como escribir sobre la cultura incaica y no mencionar Machu Picchu. Y “el público se renueva” diría una legendaria estrella del espectáculo vernáculo. Sobre todo, el público extranjero, de donde provienen muchos de los lectores. El Café Tortoni es el más viejo (aún funcionando) de Buenos Aires, data de 1858. El local daba sobre Rivadavia y recién cuando se construyó la Avenida de Mayo, un 26 de octubre de 1894, se inauguró su hoy tradicional puerta de ingreso (a la altura del 825) a través de la gran vía porteña. Esta fecha la adoptó la Legislatura de la Ciudad para celebrar el Día de los Cafés (ver https://cafecontado.com/promocion-2-x-4/)

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El nombre Tortoni homenajeaba a su homónimo de la ciudad de París que fuera creado después de la Revolución Francesa por un italiano, vendedor ambulante de helados, que lo hizo famoso y donde popularizó la “cassata”. Describirlo es innecesario. Las fotos son elocuentes y la información gráfica abundante. Lo importante es lo que representa para todos los argentinos. Si en Buenos Aires el café es religión, el Café Tortoni es su Templo Mayor. Ingresar al Tortoni es como hacerlo a una Institución formadora de una cultura que trascendió generaciones (“la escuela de todas las cosas” de Discépolo). Como las legendarias construcciones medievales de Universidades que se erigen orgullosas en ciudades milenarias. En su interior se hace difícil abstraerse del entorno. No hay modo de sostener una charla, por importante que sea, sin dejar de estar consciente del lugar donde se la está manteniendo. Definitivamente no. Uno está en el Tortoni y eso aporta su propio peso específico y simbólico. Sigue leyendo

Bar Celta

El centro de Buenos Aires, más precisamente su eje principal, la calle (o avenida) Corrientes, propone un recorrido lineal por nuestra propia historia de vida donde a cada paso nos reencontramos con capítulos contados en formato de café, pizzería, librería, cine o teatro. Pero, a veces, como en este caso, vale la pena saber desviarse unos pocos metros, solo 100 hacia Sarmiento, para escribir una nueva página en el Bar Celta.

20140305_115649El Bar Celta (o Celta Bar) se encuentra en la esquina de Sarmiento y Rodríguez Peña, abrió sus puertas en 1941. Su primer dueño fue un español de Asturias, Claudio Fernández, que lo bautizó de ese modo en homenaje a la cultura celta afincada en esa región. Funcionó como almacén con despacho de bebidas. En 1950, don Fernández lo vendió y el lugar se convirtió en confitería y bar. Estuvo abierto por algunas décadas hasta que cerró sus puertas. Hacia mediados de los 90′ volvió a abrir convertido en un reducto de jazz de altísimo nivel. Walter y Javier Malosetti, Luis Salinas, Pipo Luque, Botafogo, Pepi Taveira fueron algunos de los exquisitos músicos que se lucieron y dejaron su música vibrando en su interior. El Celta (que siempre se mantuvo su nombre original) fue cuna de dos ciclos exitosos “Jazz Club” y “Jam Session”. Esta etapa también cumplió su ciclo y volvió a cerrar. Finalmente, en marzo de 2012, hace nada más que un par de años, reabrió, ahora convertido en primo hermano de los cafés que integran el Grupo Los Notables integrado por: El Federal, Margot, Bar de Cao, La Poesía y la flamante joya. La operación de rescate del mobiliario original resultó de maravillas y hoy el Bar Celta luce como cuando lo atendiera su asturiano fundador. Sigue leyendo

La Giralda

La calle (porque para los porteños sigue siendo calle) Corrientes marca el ritmo de la ciudad. La bohemia intelectual la atravesó históricamente. Escritores, dramaturgos, periodistas y un sinnúmero de músicos y letristas de tango y de rock la inmortalizaron. Nuestro icono máximo, Carlos Gardel, entre otros, la menciona (porque cada día la canta mejor) en “Anclao en París”. Calle de teatros comerciales, de los públicos, de Revistas, más librerías, pizzerías, heladerías y cafés. Sobre todo, cafés. Y de los Notables, como La Giralda.

fachada giralda2La Giralda ocupa la planta baja de un precioso edificio de principios del siglo XX, en Corrientes 1453, construido por el arquitecto alemán Carlos Nordmann con vasta obra en nuestro país como por ejemplo (y que aún se mantienen en pie) el edificio de viviendas de Av. de Mayo 620, el edificio de Chile 249, el Torreón del Monje en Mar del Plata, la actual Embajada de España en Figueroa Alcorta 3102, el Casino de Oficiales de la Fuerza Áerea sobre Córdoba 731, etc. Sin embargo, con semejantes antecedentes, La Giralda luce una austera y sobria propuesta estética. Un auténtico cafetín de Buenos Aires que no sufrió modificaciones groseras ni aluviones globalizadores que masifican identidades convirtiendo todo en no lugares. Tiene mesas con tapa de mármol, sillas de madera, azulejos blancos, espejos biselados, ventanas guillotina a la calle y puertas vaivén. Las publicidades acompañan el entorno y pueden verse viejos propagandas de Hesperidina. También se observa un cuadro con una lámina de la Catedral de Sevilla, La Giralda, de donde los propietarios tomaron el nombre. Cualquier descripción del lugar en un libro o nota periodística a partir de 1951 dirá lo mismo. Y este simple dato ya lo hace merecedor de una visita. Sigue leyendo

El Gato Negro

El Gato Negro nació en 1927. Su primer dueño, el español Victoriano López Robredo, le puso ese nombre en recuerdo al café homónimo y preferido de Jacinto Benavente sobre la calle del Alcalá en Madrid. Don Victoriano, antes de afincar en la Argentina y casarse con una porteña, vivió durante cuarenta años entre Ceylán, Singapur y las Filipinas. Era empleado de una empresa británica y allí aprendió a reconocer y amar el negocio de las especias. El primer nombre que tuvo el local fue La Martinica. duró solo un año. Cuando mudó a su ubicación actual obtuvo su nombre definitivo. El negocio pasó por sucesivas manos, pero todas resistieron a la tentación de renovarse. El más logrado mérito, sin dudas, es la preservación de su fachada en una ciudad que ha visto modificada casi en su totalidad las plantas bajas originales en nombre de mejoras y de beneficios comerciales. El Gato Negro, Café Notable de Buenos Aires, queda en Corrientes en el tramo más simbólico y representativo de la porteñidad, rodeado de librerías y teatros, al 1669, entre Rodríguez Peña y Montevideo.

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Ingresar al salón es recuperar la armonía y poner en acción los estímulos. Todo el mobiliario es de madera de roble, las sillas thonet de esterilla, la música acompaña sin estridencias, pero, el valor agregado es el perfume a especias que varia según la molienda.  El Gato Negro puede oler a canela, estragón, jengibre, etc. Tanto como sus cafés y tés especiales. Sigue leyendo

Olimpo

En la periferia de Buenos Aires existe un Café Notable que se mantiene inalterable (prácticamente) desde su apertura en 1950. Es el Café Olimpo que luce con orgullo la distinción otorgada por el Gobierno de la Ciudad en la esquina de Irigoyen y Arregui.

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Olimpo, como tantos otros cafés, está ubicado en un límite barrial. Pero, para esta zona de la Ciudad, sentirse poseedor de un patrimonio tan significativo como un Café Notable resulta una disputa de medianeras donde todos tienen razón. Técnicamente pertenece al barrio Monte Castro, aunque los vecinos de enfrente, el barrio Versalles también se lo apropian. Fue León Heras, su fundador, quien lo construyó junto con la vivienda aledaña. Y también construyó la glorieta que se ubicaba en la terraza del café. La glorieta desapareció en 1953, pero el café sigue manteniendo su estructura original tanto como su nombre, Olimpo, por el club de fútbol que se encontraba en la vereda de enfrente, en la vereda de Versalles. Sigue leyendo