LIBRERÍAS DONDE CONSEGUIR EL LIBRO

Listado de librerías y puntos de ventas que venden «Café contado. Sobre tus mesas que nunca preguntan».

BOEDO

El gato escaldado Independencia 3548

CENTRO

Menéndez Libros Paraguay 431

CHACARITA

Falena Charlone 201

LA BOCA

Librería PROA Av. Don Pedro de Mendoza 1929

MONTSERRAT

Caburé libros México 620

PALERMO

Borges 1975 Borges 1975

Eterna cadencia Honduras 5574

La esquina del antigourmet Soler 5901 esq. Ravignani

Libros del Pasaje Thames 1762

Mil grullas Malabia 1968

PARQUE PATRICIOS

Vuelvo al sur La Rioja 2127

RECOLETA

Librería Norte Av. Las Heras 2225

SAN TELMO

Fedro libros Carlos Calvo 578

VILLA CRESPO

Fetiche libros Thames 744

VILLA URQUIZA

Leeme mucho librería Donado 2290

SAN ISIDRO (PCIA. BS.AS.)

No tan Puan Chacabuco 459

Bar El Progreso

En la esquina de la Avenida Montes de Oca y California sobrevive abierto el Bar El Progreso, último exponente de lo que fue una arteria con bares y cafés que no pertenecían (como hoy) a franquicias desterritorializadas. La antigua calle larga de Barracas fue pródiga en boliches que expresaban con orgullo su carácter local y que empleaban un lenguaje propio y afín al barrio.  Montes de Oca (MdO), desde su nacimiento en el cruce con Caseros hasta el Riachuelo, cobijó (aunque fueron muchos más) a: “El sol”, MdO e Ituzaingó; el café y pulpería “La luna”, haciendo esquina con Uspallata, lugar de payadores; “El pensamiento”, en la esquina noroeste con Brandsen (cerrado hace unos pocos años); la pulpería, -luego bar, finalmente pizzería café- “La banderita”, famosa posta de carretas y almacén con despacho de bebidas que funcionó desde la época de Juan Manuel de Rosas hasta 1983 en el mítico cruce con Suárez (esquina noroeste); “El león”, MdO y Australia (hoy Quinquela Martín), esquina noroeste, tocaba Agustín Bardi a principio del siglo XX; el café “Una noche de garufa”, MdO 1675/81, regenteado por Eduardo Arolas junto con Luis Bettinelli hacia 1912, se dice que el espacio lo amoblaron con el descarte del Cabaret Armenonville; el T.V.O., MdO 1786, casi esquina Iriarte, que ocupaba la punta de la quinta donde transcurrió el drama Amalia de José Mármol; y, por último, “Tres esquinas”, viejo baluarte del arrabal,  como escribió Enrique Cadícamo para el tango homónimo, en MdO y Osvaldo Cruz, esquina noreste.

El Bar El Progreso (Café Notable de Buenos Aires, por cierto) ocupa la planta baja de un edificio construido en 1911 (que antes fue la farmacia Villela). Supo tener un salón familiar diferenciado. Hoy es una única planta amplia y luminosa que ha servido como set de filmación para largometrajes y cortos publicitarios de megamarcas. Abrió sus puertas en 1942 con un nombre que representaba el latir cotidiano de una época con sueños de prosperidad. La construcción de la autopista 9 de Julio en su unión con el Puente Pueyrredón le restó de un flujo vehicular que lo ubicaba en un lugar central para convertirlo en un bar de los márgenes. Cosas de otro progreso. Un retroceso.

Foto: @gabynahumada

#barelprogreso #barracas #cafécontado #buenosaires

Confitería Saint Moritz

La Confitería Saint Moritz funciona desde abril de 1959 en la esquina de Paraguay y Esmeralda. Ocupa la planta baja de un edificio que es fiel exponente del barrio de Retiro. Como lo es su salón y denominación. Saint Moritz es un complejo turístico alpino (queda en Suiza). Destino vacacional que también lo fue de muchos en la barriada, aunque no se accediera por la ruta 2. Equidistante de la calle Florida, es decir, de las Grandes Tiendas Harrods (el Florida Garden no existía todavía, pero sí la Confitería Augustus) y de la Plaza San Martín. Su época de esplendor fue la década de los años sesenta cuando completaba las salidas para familias vecinas que caminaban las cuatro cuadras hasta los cines de Lavalle.

Pero la magia del lugar, además de que siga abierto, es su cartelería que se mantuvo sin alteraciones durante tantos años en los cuales el marketing y los modos del lenguaje lo modificaron todo. Quien observó este detalle y lo hizo público fue la diseñadora gráfica Julieta Ulanovsky (@julietaula del @estudiozkysky), que, además, junto a la diseñadora Sol Matas crearon una tipografía llamada, y como no: Saint Moritz (+ info en la web). Dice Julieta “es una tipografía con un cierto aire de dibujo de manga repostera. Pero no es empalagosa. La letra evoca algo de la belleza simple e inocente de las Confiterías, esos lugares donde aún se usa el buen trato, la delicadeza de una carta esmerada y el cuidado para lo que será un momento de goce puro. Momentos para compartir con una amiga, con una cita, con la gente del lugar, para leer un libro o únicamente mirar por la ventana.”

Sin más.

El hecho curioso es que se desconoce quién fue el autor del cartel. Probablemente haya sido encargado a un letrista o carpintero que legó a Buenos Aires de una imagen que hoy distingue a este rincón, entre tantos bares y cafés, y que ya forma parte de nuestro patrimonio urbano. Una cartelera tipográfica que cuenta a Buenos Aires. Construida por un porteño tipo.

La foto 1 es mía, la 2 de @alejandroarcuri, la 3 uso de tipografía Saint Moritz para el film “Fanny camina” de Alfredo Arias e Ignacio Masllorens.

#saintmoritz #cafécontado #buenosaires #retiro

Confitería Saint Moritz – Paraguay y Esmeralda – Retiro – Buenos Aires
Foto: Alejandro Arcuri
Uso de tipografía Saint Moritz

La Puerto Rico

En La Puerto Rico leí Rayuela. Este hecho menor, anécdota personal, es lo primero que se me viene a la mente cuando sé de algo del café. Durante siete años (1990-1997) fui los mediodías laborables a comer y leer. Trabajaba en Plaza de Mayo y cuando mis compañeros de laburo encaraban hacia los bares de Reconquista o 25 de Mayo, yo, que iniciaba mis treintas, cruzaba la plaza rumbo a este @bardeviejes de Alsina 416, abierto en 1925 (en su origen, 1887, estaba ubicado sobre la calle Perú entre Alsina y Moreno, en la cuadra del viejo Mercado del Centro) y mesas con tapas de mosaico granítico negro y el nombre incrustado en estaño.  

Claro que en los siete años que lo visité leí mucho más que la novela de Julio Cortázar. Como que empecé yendo de casado y dejé de frecuentarlo estando de novio. Siempre atendido por Segundo a quien no tenía más que saludarlo para que me preparase un tostado de jamón y queso en pan negro y un café con leche.

A La Puerto Rico la conocí de niño cuando la rayuela no era otra cosa que un juego escolar. Era la parada obligada en las caminatas que tenía con mi padre cuando lo acompañaba desde su oficina, de la calle Florida y Perón, hasta la Aduana y vuelta.

Luego de un cierre total provocado por la pandemia, ahora anuncia su próxima reapertura. Volveré. La Puerto Rico siempre será para mí el sitio donde llego al cielo.

#lapuertorico #cafécontado #montserrat #cafénotable #buenosaires

Foto: @baenegocios

Bar Roma. Abasto.

En 2013 escribí un artículo para mi blog a partir de un reportaje a Eduardo Galeano publicado en el diario La Nación. En éste el poeta afirmaba que, a diario, tomaba un café con Dios en el Brasilero de la capital uruguaya. Dios se apellidaba la camarera andaluza que atendía las mesas. Jugando con la singular observación de don Eduardo me atreví a decir, en ese entonces, que si en Montevideo se tomaba café con Dios en Buenos Aires se lo podía hacer con Jesús.

Jesús junto a su hermano Laudino, eran dos asturianos que se habían hecho cargo en 1951 del Bar Roma, abierto en 1923 como almacén-bar, en la esquina de Tomás de Anchorena y San Luis, del Abasto. El Roma del Abasto (porque existe un homónimo en La Boca) tiene una historia tan rica que, con los años, con justicia divina, se lo reconoció Bar Notable. Jesús ya no lo atiende, aunque sigue ocupando la misma mesa todos los días. Un grupo gastronómico tomó las riendas del Bar con un cuidado respeto por su historia y patrimonio barrial y Jesús, que sigue viviendo en la planta alta del edificio, mantiene su rutina de vida desde que llegó de España.

La ilustración es de cuando yo lo frecuentaba. Y el de la imagen es Jesús. Pasé muchas tardes-noches durante los huecos sin películas de la programación del BAFICI. Una noche de diluvio llegamos empapados con amigos luego de correr bajo la lluvia desde el shopping, sede del Festival. Nuestro aspecto daba lumpen. Andrajosos y desdichados. Jesús nos recibió como hermanos, se llevó nuestros abrigos a que se secaran cerca del horno, mientras nos calentaba comida y multiplicaba bebidas. Discutimos sobre cine, opinamos de directores y elegimos, a nuestro entender, los mejores guiones. Sin saberlo, estábamos siendo parte de una puesta que sólo la naturaleza era capaz de expresar con perfección suprema. Una bendición bañada con agua de lluvia. Estábamos interior/noche cobijados frente a la furia desatada en el exterior, rodeados de instituciones judías ortodoxas, en un bar llamado Roma y lo atendía Jesús. Una escena faraónica de la mejor película. Imposible ser más Buenos Aires.

Gran Café Tortoni

Es casi unánime que el Tortoni es el café que más nos representa. Por su carácter cosmopolita y su magnificencia. Por el iluminismo que le aportaron artistas, políticos, científicos y personalidades que lo concurrieron. Pero este no es un relato de Civilización. Sino de Barbarie. Porque lo que les comparto hoy es la historia de un indio.

A principios del siglo XX Rosaura era una joven viuda perteneciente a la clase alta porteña que frecuentaba el Tortoni cuando iba de compras a la Casa Wright. Siempre acompañada por Casimiro (nombre visionario), un indio ranquel, prisionero de la Conquista del Desierto, que su padre había recibido siendo niño en una repartija y, con los años, cedido para que la asistiese y protegiese en su viudez. No había sitio en la ciudad donde Casimiro se sintiera tan a sus anchas. El salón plano y dilatado. Un pasillo extenso. Todo le recordaba a su pampa. En el Tortoni ajustaba su mayor habilidad como ranquel: la vista. Rosaura conocía esta capacidad genética y lo utilizaba para que le “marcara”, ni bien cruzaban la puerta, cuáles caballeros que se le acercaban a la mesa lo hacían con genuino interés o escondían sospechosas pretensiones. En la pampa el humo es traicionero. Se ve de lejos. Y la mirada de los indios descubre a la distancia: actitud, semblante e intenciones. Luego de varios meses, un buen día, mientras observaba una partida de billar parado sobre la silla (como lo haría desde el lomo de su caballo) sintió el fresco que la puerta vaivén traía de la calle. Había ingresado un caballero solo, con una niña de la mano. Casimiro los miró tomándose un segundo de más para luego sentarse. Como toda respuesta afirmativa bajó la vista llevando su quijada al pecho.

(El negacionismo de una clase dominante nunca permitió que esta historia se popularice. A mí me fue narrada en un hospedaje de ruta en las afueras de Santa Rosa, La Pampa, luego de atravesar el cruce del desierto, por Jacinto, dueño del acogedor sitio de descanso, y nieto de la relación que Casimiro inició con la niña que marcó esa mañana en el Tortoni).

Los 6 bares porteños que son máquinas del tiempo

La generosa Judith Savloff me menciona en su artículo escrito para Clarín:

El investigador Carlos Cantini, autor del blog «Café Contado» y dueño de otra joyita, el bar La Flor de Barracas (1906) -también reseñado en este artículo GPS-, recomienda a Clarín otros «sobrevivientes» imperdibles, con corazón de barrio, aunque ahora estén ubicados a metros del ajetreo céntrico. 

La nota es una excelente reseña de algunos espacios sobrevivientes de Buenos Aires que merecen ser recorridos, disfrutados y apropiados.

La deliciosa nota completa pueden leerla cliqueando AQUÍ.

La Ideal. Plan de recuperación.

El Tortoni, el Molino y la Ideal son considerados los Tres Mosqueteros de las confiterías notables del centro porteño. Y aunque las dos últimas fueron abatidas en su agotadora esgrima contra el tiempo, la desidia y las modas, hoy renacen asistidas por sendas puestas en valor que buscan restaurarles su esplendor original, dice Fernando de Aróstegui para La Nación.

Lee la nota completa La confitería Ideal recuperó su elegante cúpula y reabrirá en un año.

Ph: Diego Spivacow/AFV

 

Restauran el Boliche de Roberto

Filmación de «Un tango maldito»

Notición. Cada vez falta menos para la reapertura de El Boliche de Roberto (que ya fue contado). En esta nota de La Nación (por Marina Gambier) encontrás más info. En ese Boliche filmé le puse letra a Osvaldo Peredo cuando hicimos el corto «Un tango maldito«. Este es el nuevo facebook del Boliche: El Boliche de Roberto – El verdadero. A seguirlo.

 

 

Conversaciones a la medianoche con Rolando Hanglin

9L7A9947

Audio del programa RH23 (Radio 10) emitido a las 00.15 del martes 09/02/16

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