Las 3 violetas. Un café de película.

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El Distrito Tecnológico, en este caso el barrio Parque Patricios, está renovando la zona sur de la ciudad. En su devenir, por contraste, comienzan a salir a la luz un sinnúmero de joyas patrimoniales expuestas en formato Cafés. Algo así como el descubrimiento arqueológico de pirámides. De algunos nos hemos ido ocupando en otras entradas como por ejemplo el Florencio Sánchez y El Cotorro.

Hoy le toca a Las 3 violetas. Don José Díaz, oriundo de La Coruña, se hizo cargo del «templo» en 1969. El café queda en la esquina de Uspallata y Labardén, donde hubo una lechería, justo enfrente del viejo mercado de aves y huevos (actual dependencias del Distrito Tecnológico). Sigue leyendo

La Pulpería (del Cotorro)

-«¿Nos tomamos un café?»

-«Dale, nos encontramos en la Pulpería del Cotorro.»

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Este diálogo no pertenece al siglo XIX ni sucede en el interior de la provincia. Se produce a diario en Parque Patricios. La Pulpería del Cotorro queda en la esquina de las calles Pepirí y Pedro Chutro. Detrás del Parque, frente al Hospital Penna y al Churruca.

En lunfardo «cotorro» significa: lugar donde cobijarse, la pieza del conventillo, el hogar, habitación para citas amorosas. Todas estas acepciones son válidas. La Pulpería del cotorro es un sitio acogedor, ideal para declarar un amor. Del legal y, también, del otro. Sin embargo, el nombre proviene del seudónimo de Julián, su dueño, el verdadero cotorro. Sigue leyendo

El Aconcagua

No, no es la confusión de un turista que recorre la Argentina en pocos días y se le mezcla todo. El Aconcagua es un café de San Telmo. Probablemente no se lo recuerde o registre. No es Notable, no es fashion, ni lo alcanzó la nueva ola palermitana que parece inundar nuestro viejo Casco Histórico. Tampoco es un café gourmet. El Aconcagua, al igual que su homónimo, se mantiene incólume a todas las modas que arrasaron con parte de nuestro rico patrimonio cafetero. Y antes de entablar una batalla (perdida) con los tribus grafitteras firmó una colorida paz.

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El Aconcagua queda en la esquina de Bolívar y Estados Unidos. Sí, repito, Bolívar y Estados Unidos, una intersección que hoy por hoy se parece a un choque simbólico de ideologías. Está ubicado frente a la manzana del Mercado, a 100 mts de Defensa, rodeado de hoteles boutiques y hostels. Sigue leyendo

Darín, Francella y nuestra pasión por el café

Buenos Aires tiene un listado de 73 cafés Notables. Sin embargo, la tradición de ir al café lo excede largamente. Ocupa todo el territorio de la ciudad. Se expande por todos sus barrios. Para los porteños el café es un templo. Y cumple las funciones de tal. Se ingresa al templo para adorar a los dioses, meditar, confesarse; o para marcar una distinción entre el exterior superficial, capitalista e insensible, con el interior: profundo, humano e íntimo.

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Los templos (de la religión que sea) se construyen con imágenes que se veneran. Materiales reconocibles. En el café también. El piso en damero, las mesas de madera con sus sillas thonet, la barra de estaño, los banderines, un ventilador y las estampitas paganas.

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Y así como para un creyente da igual la Capilla Sixtina que un altarcito en la ruta, igual sucede con los porteños y su café. Que puede no disponer de los materiales mencionados. No importa. Lo tenemos en nuestro imaginario y así lo vemos. Y puede ser un Notable como que apenas se note. Un café del bajofondo. Un tugurio.

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El vínculo entre Buenos Aires y sus cafés es fanáticamente religioso. Tanto que lo reconocieron con un Oscar en Hollywood. ¿Acaso no te acordás del «Secreto de tus ojos» cuando Francella explica la pasión por los comulgues cotidianos en su café preferido?

Florencio Sánchez (Parque Patricios), la cuna del Bambino

El Florencio Sánchez es un café que data de 1929. Está en el límite entre Parque Patricios y Boedo. En una de las siete esquinas que traza la diagonal Chiclana. Deán Funes y Chiclana. El sitio transpira fútbol de dos cuadros con anclaje barrial: Huracán y San Lorenzo. Sin embargo, sus actuales dueños son fanáticos del Deportivo La Coruña. Y con este dato es innecesario agregar el origen.

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En este café se «crió» el Bambino Veira, vecino del lugar. También sirvió de escenario a distintos programas de TV . Por sus mesas pasaron: Ricardo Lavolpe,  Carlos Babington y Jesica Cirio. Juan Sasturain grabó uno de sus programas Ver para leer (Telefe).

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El Parque (Parque Chacabuco)

El Parque es un reducto de paz frente al Parque Chacabuco. Sobre la calle Emilio Mitre al 300, casi en la esquina de Eva Perón. Otro de los pocos cafés que se resisten a la tentación de atormentar a la clientela con música funcional o televisores. El único testigo del presente es el diario del día, disponible para su lectura. Su puesta es sencilla. No tiene pretensiones. Imágenes racinguistas, San Cayetano, frascos de aceitunas, Hesperidina y Cynar. En el Parque se habla castellano. Quiero decir: castellano con acento castizo porque sus dueños no lo han perdido desde que llegaron a la Argentina hace más de 50 años.

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El Parque es un refugio ideal para meditar, pensar, leer, mantener una charla sin tiempos. Queda justo frente a la salida de la Estación Emilio Mitre de la línea E de subtes. O sea, toda persona que a diario entre o salga del subte sin regalarse unos minutos (más $ 11) para tomar un café no entiende nada de la vida. Entrar en El Parque es mimarse. Regalarse unos minutos para uno mismo. Y a toda hora como dice su vidriera!!! Sigue leyendo

Super

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El Super es una rara cafés. Antiguamente compartía una identidad común con la gran mayoría de sus pares en Buenos Aires. Hoy está casi en extinción. Se encuentra en una esquina (Av. San Juan y Mármol), dispone de triple entrada, revestido en madera, ventanas guillotina, puertas vaiven. El Super es un café-café. Sólo ofrece productos de cafetería y sanguchería. El pebete de jamón y queso alimenta a un pueblo. Sigue leyendo

El Modelo

Traspasar el umbral de El Modelo invita a retroceder a un tiempo sin apuros ni ansiedades. El café está abierto desde 1920. Lola, su dueña, 89 años, vino a la Argentina en 1950 para casarse con uno de los cuatro gallegos dueños del almacén/café, como solían funcionar en los barrios a principio del siglo XX.

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