(Bar La Coruña, San Telmo. Todavía se observan los stickers que lo declararon Café Notable de la Ciudad)
«Si cuando se extingue una especie desaparece una conducta, cuando cierra un café, Buenos Aires pierde carácter.»
Café contado
El Café Brasilero es a Montevideo lo que su Cabildo. Le otorga el Título Honorífico de Ciudad con Cafés. Está enclavado en la planta baja de un edificio art nouveau, patrimonialmente protegido, que le agrega valor a su rica historia.
Fundado por los Sres. Correa y Pimentel en 1877, es el café más antiguo de Montevideo. Está ubicado en Ituzaingó 1447, esquina 25 de Mayo. A pasos de la Plaza Matriz. ¿Hace falta algún otro elemento de interés para convertirlo en una parada obligada? No, sin embargo los tiene. Y muchos.
Sus características cumplen con toda la liturgia de un cafetín. Tamaño perfecto (57 m2). Iluminación cálida y justa. Boiserie de madera. Respeta, incluso, el lujoso privilegio de tener piso de pinotea. Todo copiable y reproducible. Sin embargo, su distinción pasa por el capital cultural simbólico y único que acumuló a lo largo de su historia. El Café Brasilero fue (y es) un reducto de la intelectualidad, bohemia y cultura montevideana. Entre los músicos, han pasado por su mesas desde Carlos Gardel a Daniel Viglietti y Luciano Supervielle. Aunque fue la literatura que lo marcó definitivamente. En sus mesas escribió largas tardes Mario Benedetti.
Hoy, quien sigue la rutina de inspirarse en sus mesas es Eduardo Galeano. Y el Café Brasilero le rinde merecido homenaje ofreciendo un tipo de café a su nombre, el «Eduardo Galeano».
Es un pecado impiadoso e imperdonable desconocer el Café Brasilero. Preparen el bolso y crucen el charco de inmediato.
Para más info:
http://www.cafebrasilero.com.uy/
o pueden hacerse amigos en Facebook:
http://www.facebook.com/cafebrasilerouy
El Baar Fun Fun abrió sus puertas en 1895 en lo que fue el viejo Mercado Central de Montevideo. Detrás del Teatro Solís. Hoy sigue en el mismo lugar aunque el Mercado fue demolido y reemplazado por una construcción más moderna. Queda en Ciudadela 1229, Ciudad Vieja. A pasos del puerto. A puro tango.
El tango no tiene ni fecha ni lugar de fundación. Pues el Fun Fun «conversa» mano a mano con cualquier otro sitio de ambas márgenes del Río de la Plata en esto de ser «socio fundador». De hecho la Declaración del Tango como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad fue otorgada por la UNESCO, por igual, a Buenos Aires y Montevideo.
El Fun Fun es un ejemplo de emprendimiento familiar. Generación tras generación se fue transmitiendo la pasión por mantener vivo este «templo». Pero, sobre todo, por continuar con la tradición de servir la famosa Uvita, creada por don Augusto López, el fundador. La Uvita es una mezcla de oporto y vino. Nada que uno no conozca o consiga en cualquier almacén. Sin embargo, la «fórmula» es un secreto guardado como el de la Coca-Cola y en ningún otro lugar sabe como aquí.
En el Fun Fun cantó Gardel en 1933. Cuentan que acodado en el mostrador, después de probar la Uvita, le dedicó un tango cantado a capella. El mostrador todavía luce ahí. Ahora bien, usted es capaz de perderse la oportunidad de no visitar o apoyarse en la misma barra de estaño en la que cantó Gardel?
El Fun Fun no es un café. Y abre sólo de noche. Pero, transpira tango, puerto, ciudad, parroquianos fieles. ¿Cómo no incluirlo en un blog que refiere a todos estos temas? Que no ni no.
Si visitan Montevideo es imperdonable que no se peguen una vuelta por el Fun Fun. Déjense perder en tiempo y espacio escuchando un tango, mientras saborean una Uvita.
Para más info del Fun Fun:
o pueden seguirlo en Facebook:
https://www.facebook.com/bar.funfun
La historia de El Oro del Rhin no difiere de muchas otras de inmigrantes que vinieron al Río de la Plata escapando de la hambruna europea. Pero, a diferencia de los baristas que llegaban desde La Coruña, Asturias o Vigo, Hermann Stahl venía de Stuttgart donde había aprendido en la Escuela de Confiteros.
Los primeros trabajos de Hermann fueron en las famosas confiterías del Montevideo del por entonces: El Telégrafo y Moulin D’Or. Simultáneamente el joven alemán amasaba sus propias confituras que repartía casa por casa. Luego de abrir un primer local sobre la calle Sarandí al 281, en 1933, mudó confitería, fábrica y vivienda familiar a la ubicación actual: esquina de Colonia y Convención (Centro).
«Parece que la ópera wagneriana había pegado muy bien en mi bisabuelo ya que le puso a su hijo Siegried, en honor al héroe de la saga» nos cuenta Christian Stahl (bisnieto y nieto de los mencionados) sobre el motivo de la selección de nombres en la vida de don Hermann.
El Oro del Rhin funciona en la misma esquina desde hace 80 años y ese ya es suficiente motivo de visita. Pero, también tomarse un café en cualquiera de sus dos salones remonta a la belle epóque de una ciudad que supo tener, y casi que no sobreviven, grandes salones familiares.
El Oro del Rhin siempre sostuvo una actitud progresista. Fue el primero en la ciudad en darle trabajo a mujeres para la atención del público. Hoy, con igual visión, han abierto nuevos locales incorporando librerías a su habitual oferta.
Tomarse un café en El Oro del Rhin de Colonia y Convención es una parada ineludible en un recorrido montevideano. Recomiendo ingresar por el acceso de la esquina, la confitería, y deténgase unos segundos a ver pasar la historia del siglo XX de muchos de nuestros antepasados que vinieron al Río de la Plata a forjarse un destino.
Para más info de El Oro del Rhin:
http://www.orodelrhin.com.uy/wb/
La visita a Montevideo no puede obviar La Giraldita. Queda en la esquina de José Benito Lamas y Enrique Muñoz, Pocitos. Funcionó durante décadas como almacén-bar. Hoy, al igual que otros ejemplos de Buenos Aires como el Bar de Cao o el Miramar (ambos de San Cristóbal), mutaron su oferta hacia una propuesta gastronómica. Afortunadamente, al igual que éstos, lo que no se modificó es el ambiente almacenero acogedor que da ganas de pasar horas en su interior esperando la anécdota que le de sentido a la vida.
La Giraldita abrió a principio de los ‘900 y es de suponer, por esos años y alejada del Centro, que habrá oficiado como pulpería de pueblo del interior. El espíritu lo sostiene. Tampoco hay que desestimarlo como lugar para tomarse un café. Que nadie le andará exigiendo cuentas si Ud. es un cafetero de principios. Eso sí, si en su ronda cae por Pocitos al mediodía o la noche, este lugar es inigualable.
Lo recomiendo, programe en su visita a Montevideo una «parada táctica» en La Giraldita. Contrasta por oposición al entorno del pujante barrio. Es un remanso de campaña que lo relajará.
Pueden hacerse amigos de La Giraldita en:
De los bares y cafés orientales, Montevideo Sur es de visita obligada y prioritaria. Ya desde su nombre destila misterio: «Montevideo» por todo el imaginario que provoca en la cabeza de un porteño, y «Sur» por asociación directa con un cuento de cuchilleros de Jorge Luis Borges. Y es exactamente así. Porque Montevideo Sur podría haber sido un bar/almacén de Adrogué (Prov. de Buenos Aires) o del arrabal del Palermo que conoció Borges en su juventud. Para mejor, está intacto. Situado en la esquina de Paraguay y Maldonado, su entorno, barrio Sur, lo envuelve de magia. Entrar en él es vivir el protagonismo de un cuento.
Lola, su simpática dueña, lo atiende desde 1956 cuando llegó de La Coruña. Sirve el café en vasos. Como corresponde, Y sin que nadie, especialmente, se lo pida. Los parroquianos forman parte del inventario. Frecuentan el café desde hace años generando una dinámica amigable e integradora. Aunque la sea, nunca es la primera vez que se visita el Montevideo Sur. Para los amantes del café es como retornar al hogar paterno.
De tan auténtico, se la ha utilizado de escenario en varias producciones audiovisuales. La última pertenece a la cerveza Patricia, célebre en el Uruguay, que recreó con algunas modificaciones, el culto a la amistad entre los jóvenes.
Durante años fue frecuentado por periodistas y fotógrafos del los diarios La Mañana y El Diario. Hoy los «requeridos» (como los llama sonriendo Lola a los buscados por la ley) y los agentes de la policía (la seccional está enfrente) «brindan» en un mismo espacio «neutral». Por prudencia, no fueron fotografiados.
Como pocos ejemplos a ambas orillas del Río de la Plata, visitar el Montevideo Sur es una obligación espiritual. Como entrar a uno de los grandes museos de occidente, pero este queda acá nomás, cerquita y sirve de espejo donde reflejarnos.
En la zona oeste de la ciudad, barrio de Mataderos, donde la pampa se funde con la ciudad se encuentra el Bar Oviedo (http://www.facebook.com/bar.oviedo?fref=ts). El Oviedo es uno de los Cafés y Bares Notables de Buenos Aires. Su fachada testimonia que abrió sus puertas en 1900 aunque algunos sostienen que funcionaba desde antes, incluso antes de que se colocara en 1898 la piedra fundamental del Matadero Municipal. Los palenques por sobre Tellier (hoy Lisandro de la Torre) y Nueva Chicago (hoy Avenida de los Corrales) ya no están, pero entrar al Oviedo es hacerlo a un bar de nuestra llanura pampeana.
El Oviedo está todo revestido en madera y su barra homenajea a payadores y el juego. La oferta gastronómica del lugar es sanguchería pura y el pebete de salame y queso, mi recomendación. Sigue leyendo
La Avenida Corrientes contiene una gran cantidad de cafés. Algunos Notables, muchos alcanzaron a ser publicados en novelas, todos con Historia. Dentro de la categoría Café + Arte, el café del Teatro San Martín se vincula, como ningún otro, con la cultura. El café del San Martín no da a la calle. Está dentro del Hall principal.
El Teatro San Martín fue inaugurado el 25 de mayo de 1960. Es un proyecto de los arquitectos Mario Roberto Álvarez y Macedonio Ruiz. Queda en Corrientes 1530, rodeado de otros teatros, centros culturales, librerías, pizzerías. La Buenos Aires cultural en su máxima expresión. Conocerlo es una obligación. Como ir al Cabildo siendo escolar. Desde su vereda se obtiene una de las mejores vistas del Obelisco. Sigue leyendo
El Distrito Tecnológico, en este caso el barrio Parque Patricios, está renovando la zona sur de la ciudad. En su devenir, por contraste, comienzan a salir a la luz un sinnúmero de joyas patrimoniales expuestas en formato Cafés. Algo así como el descubrimiento arqueológico de pirámides. De algunos nos hemos ido ocupando en otras entradas como por ejemplo el Florencio Sánchez y El Cotorro.
Hoy le toca a Las 3 violetas. Don José Díaz, oriundo de La Coruña, se hizo cargo del «templo» en 1969. El café queda en la esquina de Uspallata y Labardén, donde hubo una lechería, justo enfrente del viejo mercado de aves y huevos (actual dependencias del Distrito Tecnológico). Sigue leyendo
-«¿Nos tomamos un café?»
-«Dale, nos encontramos en la Pulpería del Cotorro.»
Este diálogo no pertenece al siglo XIX ni sucede en el interior de la provincia. Se produce a diario en Parque Patricios. La Pulpería del Cotorro queda en la esquina de las calles Pepirí y Pedro Chutro. Detrás del Parque, frente al Hospital Penna y al Churruca.
En lunfardo «cotorro» significa: lugar donde cobijarse, la pieza del conventillo, el hogar, habitación para citas amorosas. Todas estas acepciones son válidas. La Pulpería del cotorro es un sitio acogedor, ideal para declarar un amor. Del legal y, también, del otro. Sin embargo, el nombre proviene del seudónimo de Julián, su dueño, el verdadero cotorro. Sigue leyendo
El blog que cuenta los Cafés de Buenos Aires
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