Fotos que dicen/14

foto para le pera

(Foto: Ana Luz Sanz)

Si arrastré por este mundo

la vergüenza de haber sido

y el dolor de ya no ser.

Bajo el ala del sombrero

cuantas veces, embozada,

una lágrima asomada

yo no pude contener…

Si crucé por los caminos

como un paria que el destino  

se empeñó en deshacer;

si fui flojo, si fui ciego,

sólo quiero que hoy comprendan

el valor que representa

el coraje de querer.

 

Era, para mí, la vida entera,

como un sol de primavera,

mi esperanza y mi pasión.

Sabía que en el mundo no cabía

toda la humilde alegría

de mi pobre corazón.

Ahora, cuesta abajo en mi rodada,

las ilusiones pasadas

yo no las puedo arrancar.

Sueño con el pasado que añoro,

el tiempo viejo que lloro

y que nunca volverá.

 

Por seguir tras de su huella

yo bebí incansablemente

en mi copa de dolor,

pero nadie comprendía

que, si todo yo lo daba

en cada vuelta dejaba

pedazos de mi corazón.

Ahora, triste, en la pendiente,

solitario y ya vencido

yo me quiero confesar:

si aquella boca mentía

el amor que me ofrecía,

por aquellos ojos brujos

yo habría dado siempre más.

 

Cuesta abajo (Alfredo Le Pera, 1934)

Fotos que dicen/12

para margot celedonio flores

 

Se te embroca desde lejos, pelandruna abacanada,

que has nacido en la miseria de un convento de arrabal,

porque hay algo que te vende, yo no sé si es la mirada,

la manera de sentarte, de charlar o estar parada,

o ese cuerpo acostumbrado a las pilchas de percal.

 

Ese cuerpo que hoy te marca los compases tentadores

del canyengue de algún tango en los brazos de algún gil,

mientras triunfan tu silueta y tu traje de colores

entre risas y piropos de muchachos seguidores,

entre el humo de los puros y el champán de Armenonvil.

 

Son macanas: no fue un guapo haragán ni prepotente,

ni un cafishio de averías el que al vicio te largó;

vos rodaste por tu culpa, y no fue inocentemente:

¡berretines de bacana que tenías en la mente

desde el día en que un magnate cajetilla te afiló!

 

Yo me acuerdo: no tenías casi nada que ponerte;

hoy usás ajuar de seda con rositas rococó…

¡Me revienta tu presencia, pagaría por no verte!

Si hasta el nombre te has cambiado como ha cambiado tu suerte:

ya nos sos mi Margarita… ¡ahora te llaman Margot!

 

Ahora vas con los otarios a pasarla de bacana

a un lujoso reservado del Petit o del Julien;

y tu vieja, pobre vieja, lava toda la semana

pa’poder parar la olla con pobreza franciscana

en el triste conventillo alumbrado a querosén.

 

 

Margot (Celedonio Flores, 1919)

Tango en Cafés

Los Laureles

(Café Los Laureles, Gral. Iriarte 2290, Barracas)

Una nota del diario Clarín informa que en varios Cafés de la ciudad han vuelto los shows de tango. En sus inicios, el tango se tocó en vivo (y bailó) en Cafés hasta que pasó a los grandes salones y teatros. Bienvenido sea el retorno… aunque como diría el gran Aníbal Troilo: Alguien me dijo una vez que yo me fui del barrio. ¿Cuándo? ¿Cuándo?… si siempre estoy llegando.

 

Ver nota completa:

http://www.clarin.com/ciudades/Ahora-tango-vuelve-barrio_0_960503994.html

La Colmena, una película de Café

«La Colmena no es otra cosa que un pálido reflejo, que una humilde sombra de la cotidiana, áspera, entrañable y dolorosa realidad. Un trozo de una vida narrado, sin reticencias, sin extrañas tragedias, sin caridad como la vida discurre. Queramos o no queramos. La vida es lo que vive -en nosotros o fuera de nosotros-; nosotros no somos más que su vehículo, su excipiente como dicen los boticarios».

Camilo José Cela

Mario Camus llevó al cine, en 1982, el texto de Cela que transcurre, en gran parte, en el Café La Delicia. El Café sirve de refugio para el frío, la soledad y los sueños compartidos de miles de madrileños de la posguerra civil. Muchos de éstos (junto a tantos otros de La Coruña y Asturias) emigraron a Buenos Aires buscando otra suerte. Y se instalaron en nuestra ciudad para hacer lo que mejor sabían: atender Cafés. Los Cafés de los «gallegos» produjeron el clima, el ambiente y la contención espiritual que transmite la película, dándole cobijo y un lugar de trabajo a grandes letristas de la época de Oro de nuestro tango.

Boston City (un Pasaje a BA por el valor de un café)

La «Güemes» es la primer Galería de Buenos Aires. Queda en Florida 165, entre Mitre y Perón. Inaugurada el 15 de diciembre de 1915, fue el edificio más alto de la ciudad hasta que levantaron el Barolo en la Av. de Mayo. La obra se la encargaron dos comerciantes salteños al arquitecto italiano Francisco Gianotti, el mismo de la Confitería El Molino.

Desde 1962 funciona en el interior del Pasaje el Café Boston City, uno de los Notables de Buenos Aires. Si bien tiene mesas, el Boston es, por esencia y distribución, un café de barra. De los pocos que quedan en la ciudad. Y hay que vivirlo como tal, de pie.

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El Boston es un café de charlas compartidas. El formato de la barra permite que se sostenga un monotema entre parroquianos. Situado en plena city financiera, el mejor horario para experimentarlo es al almuerzo cuando se llena de oficinistas de la zona que le imprimen una rotación y dinámica que no decae hasta bien pasado el mediodía. La agenda de temas es de actualidad pura: fútbol, policiales y política. Café con códigos de los de antes, primero se consume y después se le «dicta» lo ordenado al cajero. El azúcar no viene en sobrecitos. Sus habitués dominan la azucarera vertedora a gusto. Sigue leyendo

Fotos que dicen/6

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(Británico, Café Notable, Defensa y Brasil, San Telmo. Autor anónimo, si lo conocen háganlo saber)

 

Me acobardó la soledad y el miedo enorme de morir lejos de ti… ¡Qué ganas tuve de llorar sintiendo junto a mí la burla de la realidad! Y el corazón me suplicó que te buscara y que le diera tu querer… Me lo pedía el corazón y entonces te busqué creyéndote mi salvación…

Y ahora que estoy frente a ti parecemos, ya ves, dos extraños… Lección que por fin aprendí: ¡cómo cambian las cosas los años! Angustia de saber muertas ya la ilusión y la fe… Perdón si me ves lagrimear… ¡Los recuerdos me han hecho mal!

Palideció la luz del sol al escucharte fríamente conversar… Fue tan distinto nuestro amor y duele comprobar que todo, todo terminó. ¡Qué gran error volverte a ver para llevarme destrozado el corazón! Son mil fantasmas, al volver burlándose de mí, las horas de ese muerto ayer…

 

Como dos extraños (José María Contursi, 1940)

Café Roma (o donde Jesús renació y se hizo romano)

En una reciente nota al diario La Nación, Eduardo Galeano hizo alarde de que en su Montevideo natal todos los días toma un café con Dios (http://www.lanacion.com.ar/1583163-el-poeta-inagotable). Pues bien, que por acá no somos menos, en Buenos Aires podés hacerlo con Jesús.

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Jesús es el propietario del Café Roma, Anchorena y San Luis, Abasto. Junto a su primo Laudino lo atienden desde 1951 cuando llegaron de Asturias en busca de un renacimiento a sus sombríos destinos ibéricos. El edificio es una construcción de 1923 y en sus orígenes funcionó como almacén-bar. No confundir con el Notable «Roma» de La Boca. El Roma del Abasto también tiene sus particularidades y se ganó su merecida mención entre los que apenas se notan. Cafetín de esquina. Tiene el privilegio de pertenecer al vecindario de Gardel. La Casa Museo Carlos Gardel queda sólo a 200 mts. Jesús se hizo cargo del Roma (porque así se llamó desde siempre) varios años después de la muerte del Zorzal y no tiene certeza de su paso por el café, pero puede afirmarse que Gardel nunca se acodó en la barra de este rincón del Abasto quedando a tan sólo dos cuadras de su casa y a una del Mercado? Sigue leyendo

Fotos que dicen/4

Gardel

-¿Dónde habrá una ciudad en la que alguien silbe un tango? ¿dónde están, dónde están, los camiones de basura, mi vieja y el café? 

Luis Alberto Spinetta, en «El anillo del Capitán Beto»

-Buenos Aires (parece señalar hacia el infinito sur el niño Ástor Piazzolla a Carlos Gardel y sus amigos)

Café contado

El Fun Fun

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El Baar Fun Fun abrió sus puertas en 1895 en lo que fue el viejo Mercado Central de Montevideo. Detrás del Teatro Solís. Hoy sigue en el mismo lugar aunque el Mercado fue demolido y reemplazado por una construcción más moderna. Queda en Ciudadela 1229, Ciudad Vieja. A pasos del puerto. A puro tango.

 

El tango no tiene ni fecha ni lugar de fundación. Pues el Fun Fun «conversa» mano a mano con cualquier otro sitio de ambas márgenes del Río de la Plata en esto de ser «socio fundador». De hecho la Declaración del Tango como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad fue otorgada por la UNESCO, por igual, a Buenos Aires y Montevideo.

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El Fun Fun es un ejemplo de emprendimiento familiar. Generación tras generación se fue transmitiendo la pasión por mantener vivo este «templo». Pero, sobre todo, por continuar con la tradición de servir la famosa Uvita, creada por don Augusto López, el fundador. La Uvita es una mezcla de oporto y vino. Nada que uno no conozca o consiga en cualquier almacén. Sin embargo, la «fórmula» es un secreto guardado como el de la Coca-Cola y en ningún otro lugar sabe como aquí.

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En el Fun Fun cantó Gardel en 1933. Cuentan que acodado en el mostrador, después de probar la Uvita, le dedicó un tango cantado a capella. El mostrador todavía luce ahí. Ahora bien, usted es capaz de perderse la oportunidad de no visitar o apoyarse en  la misma barra de estaño en la que cantó Gardel?

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El Fun Fun no es un café. Y abre sólo de noche. Pero, transpira tango, puerto, ciudad, parroquianos fieles. ¿Cómo no incluirlo en un blog que refiere a todos estos temas? Que no ni no.

Si visitan Montevideo es imperdonable que no se peguen una vuelta por el Fun Fun. Déjense perder en tiempo y espacio escuchando un tango, mientras saborean una Uvita.

Para más info del Fun Fun:

http://www.baarfunfun.com.uy/

o pueden seguirlo en Facebook:

https://www.facebook.com/bar.funfun

 

El Bar Oviedo, donde la pampa se funde con la ciudad

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En la zona oeste de la ciudad, barrio de Mataderos, donde la pampa se funde con la ciudad se encuentra el Bar Oviedo (http://www.facebook.com/bar.oviedo?fref=ts). El Oviedo es uno de los Cafés y Bares Notables de Buenos Aires. Su fachada testimonia que abrió sus puertas en 1900 aunque algunos sostienen que funcionaba desde antes, incluso  antes de que se colocara en 1898 la piedra fundamental del Matadero Municipal. Los palenques por sobre Tellier (hoy Lisandro de la Torre) y Nueva Chicago (hoy Avenida de los Corrales) ya no están, pero entrar al Oviedo es hacerlo a un bar de nuestra llanura pampeana.

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El Oviedo está todo revestido en madera y su barra homenajea a payadores y el juego. La oferta gastronómica del lugar es sanguchería pura y el pebete de salame y queso, mi recomendación. Sigue leyendo