Fotos que dicen/20

richmoneta

Confitería Richmond, Florida 468, San Nicolás (Centro)

He llegado hasta tu casa…
¡Yo no sé cómo he podido!
Si me han dicho que no estás,
que ya nunca volverás…
Si me han dicho que te has ido…
¡Cuánta nieve hay en mi alma!
¡Qué silencio hay en tu puerta!
Al llegar hasta el umbral,
un candado de dolor
me detuvo el corazón.

Nada, nada queda en tu casa natal…
Sólo telarañas que teje el yuyal.
El rosal tampoco existe
y es seguro que se ha muerto al irte tú.
¡Todo es una cruz!
Nada, nada más que tristeza y quietud.
Nadie que me diga si vives aún…
¿Dónde estás, para decirte
que hoy he vuelto arrepentido a buscar tu amor?

Ya me alejo de tu casa
y me voy ya ni sé donde…
Sin querer te digo adiós
y hasta el eco de tu voz
de la nada me responde.
En la cruz de tu candado
por tu pena yo he rezado
y ha rodado en tu portón
una lágrima hecha flor
de mi pobre corazón.

Nada (Horacio Sanguinetti, 1944)

 

Con la Confitería Richmond, Café contado quiere recordar a todos los #CafésNotables que cerraron su puertas definitivamente.

Protegen por ley a Los 36 billares

36

(Foto: Diario Clarín)

El bar Los 36 Billares fue declarado ayer (5/12) patrimonio cultural de la Ciudad por la Legislatura porteña, en un intento por evitar su cierre. La ley impide el cambio de uso del local de Avenida de Mayo 1265, que habría sido comprado para ser convertido en una pizzería.

La iniciativa aprobada declara a Los 36 Billares bien del patrimonio cultural de Buenos Aires en las categorías “sitio histórico” y “expresiones y manifestaciones intangibles”.

Leer la nota completa:

http://www.clarin.com/ciudades/Protegen-Billares-convierta-pizzeria_0_1042695836.html

Fotos que dicen/19

Maisamor(Foto: Café contado, calle Las Casas al 4000, Boedo)

 

Porque cuando pibe me acunaba en tangos

la canción materna que llamaba al sueño,

y escuché el rezongo de los bandoneones

bajo el emparrado de mi patio pobre.

Porque vi el desfile de las inclemencias

con mis pobres ojos de llorar abiertos,

y en aquella pieza de mis buenos viejos

tuvo la pobreza su mejor canción…

Y yo me hice en tangos,

me fui modelando en odio, en tristeza,

en las amarguras que da la pobreza,

en llantos de madres,

en las rebeldías del que es fuerte y tiene

que cruzar los brazos

cuando el hambre viene…

Y yo me hice en tangos,

porque es bravo, fuerte,

tiene algo de vida,

tiene algo de muerte…

Porque quise mucho, porque me engañaron,

y pasé la vida barajando sueños…

Porque soy un árbol que vivió sin flores,

porque soy un perro que no tiene dueño…

Porque tengo odios que nunca los digo,

porque cuando quiero me desangro en besos…

Porque quise mucho y no me han querido…

¡Por eso yo canto tan triste, por eso!

 

Por que canto así (Celedonio Flores,1929)

El Banderín y sus jóvenes 90 años

AB4050 Banderín

(Rodaje de #UnTangoMaldito en El Banderín)

El Banderín, Guardia Vieja esq. Billinghurst, Almagro, cumplió 90 años y el Museo Casa Carlos Gardel y la Comisión de Protección y Promoción de Cafés, Bares, Billares y Confiterías Notables de Buenos Aires organizaron el festejo. El Banderín es un icono y patrimonio cultural inigualable de la Ciudad. Sirvió de locación (foto) para el corto «Un tango maldito» realizado por Al aire producciones y guión de Café contado (Carlos Cantini), ganador del concurso «Un barrio de película» organizado por el INCAA (jurado: Juan José Campanella, Lucrecia Martel y Coco Blaustein).

 

Más info del festejo por los 90 años:

http://blogs.lanacion.com.ar/maldito-tango/excursion-tanguera/el-banderin-cumplio-90-anos-a-puro-tango/#.Uo3zacid0Wk.email

 

Más info:

https://cafecontado.com/2013/07/04/fotos-que-dicen8/

http://elbanderin.com.ar/

https://www.facebook.com/pages/Un-tango-maldito-Adolfo-Berro-4050/536516043094404

Bar Los Laureles (que ciento veinte años no es nada…)

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Foto: Emmanuel Fernández para Diario Clarín
“Los Laureles”, en Barracas, cumplió 120 años. ¿La receta? Comida de bodegón y tango.

Lee la nota completa del diario Clarín:

http://www.clarin.com/ciudades/bar-duerme-laureles_0_1036096429.html

 

El Café de la Esquina

El Progreso

El Progreso, Montes de Oca y California, Barracas

Buenos Aires es una ciudad de Cafés. El bien merecido título podría ser discutido en cafeterías de Praga, Viena, París o Madrid. Sin embargo, ninguna de éstas acredita el vínculo entre el Café y el Tango. La tradición por el Café en nuestra ciudad viene desde la Colonia, pero fue cuando irrumpió nuestra máxima y más original creación que se constituyó un maridaje perfecto. La inmigración de la primera mitad del siglo XX también supo agregarle a nuestros Cafés un tinte distintivo que los distingue. Sirvieron como espacio de contención espiritual y salida laboral a miles de recién llegados que dejaban mujeres e hijos al otro lado del océano. Poetas, escritores, compositores, sentados a sus mesas encontraron la musa inspiradora que le puso letra y música a Buenos Aires. El tango con su profundidad, capacidad de decir y corajuda autocrítica, convirtió a los Cafés en Aulas Magnas. La escuela de todas las cosas (Cafetín de Buenos Aires, E. S. Discépolo). Para el porteño el Café es religión y su templo, el Café de la Esquina.

Así como otras ciudades se vanaglorian de que cada 400 mts. hay una parada de subtes, Buenos Aires lo hace con sus cafés. Están los que alcanzaron la jerarquía oficial de Notables y los que apenas se notan. Todos aportan a la construcción de nuestra identidad. El Café de la Esquina es un faro, atalaya de historias de barrio. Es el mojón a partir de  cual se trazan distancias o tejen redes borgeanas de vínculos. Funciona tanto de punto de encuentro entre parroquianos amigos como rincón para la soledad reflexiva. En su interior se medita, escribe, lee, espera, sufre, conversa, discute, acuerda, ama, escucha, aprende. El Café de la Esquina, en estado puro, está conformado por un código genético que puede ser reconstruido en el imaginario de todo porteño. Hoy, son pocos los que mantienen esa estructura matricial. La que genera que al atravesar el umbral de la ochava se experimente la sensación de armonía, serenidad y paz que transmite la naturaleza. Sin embargo, luzcan como luzcan, lo que no se ha modificado es la devoción por visitarlos. El fiel no se detiene en el cumplimiento irrestricto de la liturgia local (que incluye: piso en forma de damero, mostrador de estaño, grifo con forma de cisne, espejos bicelados, sillas y mesas de madera, ventilador de pared, imágenes de grandes campeones de box, estrellas del espectáculo, santos populares, banderines de fútbol, etc.). Sin medir riqueza ni mobiliario, el porteño sostiene su diálogo íntimo y cotidiano tanto en grandes cafés que parecen catedrales o en propuestas más sencillas similares a iglesitas de pueblos de provincia.imágenes paganas

La Chirilísima, Olavarría y Del Valle Iberlucea, La Boca

El Café de la Esquina es un espacio común del gran condominio que es Buenos Aires. Está cargado de información que nos resulta familiar y contiene. Todos somos sus hijos adoptivos y volvemos cotidianamente a entablar ese vínculo íntimo con los sentimientos más puros y profundos.

Diez ejemplos n(N)otables

1. Varela Varelita, Scalabrini Ortíz y Paraguay, Palermo

1.Varela VarelitaSu nombre viene de su dueño, Varela, y de su hijo, Varelita. Fue bunker del Frepaso cuando la fuerza empezaba a trazar sus primeras líneas de acción. El Chacho Álvarez, vecino, lo transformó en su “despacho” vicepresidencial. Y siguió frecuentándolo a diario hasta que lo destinaron en Montevideo. Adoptado por directores de cine, gente de TV y escritores. Cuentan que fue Héctor Libertella quien les hizo creer a los dueños que el whisky JB se llamaba así por José Bianco. Por eso cuando se pide una medida la orden que llega a la barra: «Marche un Pepe Bianco!»

2. El Banderín, Guardia Vieja y Billinghurst, Almagro

El BanderínComenzó siendo, por la década del ’20, un almacén-bar llamado “El Asturiano”. El nuevo nombre viene a partir de su actual dueño, Mario, “El Alemán”, quien comenzó a juntar banderines para exhibirlos. Hoy, la colección, también incluye camisetas como la del gol a Nigeria de Caniggia en EEUU ’94. Dos incunables: un cuadro del equipo del River del ’36, el del debut de Pedernera y Labruna, hecho con papeles de marquillas de cigarrillos y cocido por los presos de Devoto como regalo a la visita que les hiciera Troilo a la cárcel. Fallecido Pichuco, su sobrino, se lo regala a Mario. El otro, un banderín del C. S. y D. El Tábano, club del célebre “Polaco” Goyeneche, está cocido con hilos de oro y existen sólo 20 ejemplares.

3. Florencio Sánchez, Deán Funes y Chiclana, Parque Patricios

20130701_131343El Florencio Sánchez es un café que data de 1929. Está en el límite entre Parque Patricios y Boedo. En una de las siete esquinas que traza la diagonal Chiclana cuando atraviesa la Av. Garay. La esquina correcta es Deán Funes y Chiclana. El sitio transpira fútbol de dos cuadros con anclaje barrial: Huracán y San Lorenzo. Sin embargo, sus actuales dueños son fanáticos del Deportivo La Coruña. Y con este dato es innecesario agregar el origen. Café que cobijó de niño al Bambino Veira y le dio letra a muchas de sus reconocidas frases. Supo funcionar como cueva de quinieleros que se escondían en el baño cuando husmeaban a la policía. Y hablando de baño, los caballeros no se equivoquen, está señalado como viorsi.

4. El Progreso, Montes de Oca y California, Barracas

El ProgresoEl noble edificio fue construido en 1911 y resulta fácil imaginar el carácter referencial que habrá adquirido a principios del siglo XX cuando al cruzar el Riachuelo desde Barracas al Sud (Avellaneda) se tomaba por la Calle Larga (Montes de Oca) rumbo al centro de la ciudad. El Progreso ya funcionaba cuando María y su marido se hicieron cargo del Café hace poco más de 50 años. Que Barracas fue una de las cunas del tango lo certifica en El Progreso de los tangueros Ángel Vargas, Ángel D’Agostino y Juan D’Arienzo. Sus amplias dimensiones sirvieron de escenario a varias películas. El Diario Clarín lo utilizó para su campaña de promoción de su 60° Aniversario.

5. Margot, Boedo y San Ignacio, Boedo

MargotEn la década de los 40, el matrimonio Torres, dueños en la misma esquina del entonces reconocido Trianon, inventaron el sándwich de pavita cuyo secreto era que estaba elaborada al escabeche. En la actualidad se sigue vendiendo con la misma calidad original. Algunos de sus célebres consumidores fueron: el diputado socialista Alfredo Palacios, el presidente Perón que mandaba a su chofer a buscar el pedido, el poeta Julián Centeya y Ringo Bonavena.

 

6. Bar de Cao, Independencia y Matheu, San Cristóbal

Bar de Cao

Foto: Hans W. Muller

Los hermanos Cao dieron forma a esta esquina del barrio de San Cristóbal en 1930 (aunque el bodegón, como tal, data de 1915) y durante 70 años estuvieron al frente del establecimiento que nació, con ellos, como almacén con despacho de bebidas. Con los años, el juego de naipes por dinero fue una constante. En el fondo se juntaba gente de prontuario con parroquianos y transeúntes ocasionales. La vieja máquina de hacer café, que aun se conserva como pieza de museo, jamás les funcionó a los hermanos Cao, el café servido era de filtro. Los Cao siempre decían: «la máquina se nos descompuso ayer».

7. El Federal, Perú y Carlos Calvo, San Telmo

El FederalSin lugar a dudas integra el podio de los mejores Cafés de Buenos Aires. El edificio data de mediados del siglo XIX y allí funcionó una pulpería y una casa de citas o de «tolerancia», o sea, un prostíbulo. En los años ’50 (del siglo XX) se perpetró un crimen pasional. La agraciada hija del entonces dueño noviaba con un individuo que descubrió la traición de la joven y la mató en el lugar. La leyenda cuenta que el fantasma de ella aun ronda las viejas mesas de El Federal.

 

8. Los Galgos, Callao y Lavalle, San Nicolás

20130628_151328La casa de dos plantas fue residencia de la familia Lezama y data de 1880. En 1920 fue alquilada a la empresa Singer que instaló un local de venta de máquinas de coser. En 1930, un asturiano, amante de las carreras de galgos, lo convirtió en bar almacén. Don José Ramos lo compró en 1948, hoy lo atienden sus hijos. Entre los ’50 y los ’70 Los Galgos abría las 24 hs. Era el Café de Discépolo y Troilo. Y una vez al mes, también de Pugliese que tenía a su médico a media cuadra. Los políticos radicales lo tomaron como “Ateneo”, tres presidentes: Frondizi, Alfonsín y De la Rúa fueron sus clientes.

9. Roma, Anchorena y San Luis, Balvanera

RomaAsí como Eduardo Galeano afirma que en el Café Brasilero de Montevideo todos los días toma un café con Dios (es el apellido de la moza), en el Roma se puede hacerlo con Jesús. Don Jesús y su primo Laudino lo atienden desde 1951, pero el Café funciona desde 1927. Por sus mesas desfilaron Norma Aleandro, María Vaner, Leonardo Favio, que se cruzaban de la Escuela de Teatro de don Pedro Aleandro. A sólo dos cuadras está la casa de Carlos Gardel. No existen testimonios comprobables, pero alguien puede afirmar que el Zorzal nunca entró a este templo que queda a sólo 200 mts de su casa y a 150 del Mercado de Abasto?

10. Oviedo, Lisandro de la Torre y Av. de los Corrales, Mataderos

OviedoSu fachada testimonia que abrió sus puertas en 1900 aunque algunos sostienen que funcionaba desde antes, incluso  antes de que se colocara en 1898 la piedra fundamental del Matadero Municipal. Los palenques por sobre Tellier (hoy Lisandro de la Torre) y Nueva Chicago (hoy Avenida de los Corrales) ya no están, pero entrar al Oviedo es hacerlo a un bar pulpería de la llanura pampeana. Un habitué era Ángel Riverol, guitarrista de Gardel y vecino del barrio. Los cantantes Ignacio Corsini y Alberto Castillo conocieron de su ginebra, y Virulazo, bailarín de tango como pocos, también compartió tertulias y tardes de billar.

Los cafés y el tango

cafe- inmortalesAndaba el cronista, en la entrega de julio, reseñando los cafés elegantes de principios del siglo XX y prometía, cerca del final, ocuparse de los cafés literarios que por esa época comenzaron a florecer en Buenos Aires. Pero repasando un poco sus archivos y la colección de Desde Boedo que piensa dejar para sus nietos cayó en la cuenta de que a lo largo de los años, desde 2010, había hablado largo y tendido tanto de La Helvética como del Aue’s Keller, de La Brasileña y de Los Inmortales (foto), del almacén de Piaggio y de varios otros tugurios de la cortada Carabelas donde sentaban sus reales Rubén Darío, Florencio Sánchez, Evaristo Carriego, José González Castillo y tantos otros literatos de esos tiempos. Así pues, se dijo que en realidad, si quería seguir el hilo cronológico que venía desarrollando, le tocaba evocar los primeros cafés y establecimientos donde si bien no nació, se desarrolló el tango.

No es propósito del cronista terciar en la disputa sobre el lugar de nacimiento de ese género musical, en la que tanto se ha argumentado en favor de uno u otro barrio. Jorge Luis Borges, que para algunas cosas era muy sagaz, decía en su “Historia del Tango” incluida como apéndice de su Evaristo Carriego: He conversado con José Saborido, autor de Felicia y de La Morocha, con Ernesto Poncio, autor de Don Juan, con los hermanos de Vicente Greco, autor de La viruta y La Tablada, con Nicolás Paredes, caudillo que fue de Palermo, y con algún payador de su relación (…) Interrogados sobre la procedencia del tango, la topografía y aun la geografía de sus informes era singularmente diversa: Saborido (que era oriental) prefirió una cuna montevideana, Poncio (que era del barrio del Retiro) optó por Buenos Aires y por su barrio; los porteños del Sur invocaron la calle Chile, los del Norte, la meretricia calle del Temple o la calle Junín (…)”. Seguramente habría que incluir en esta nómina a los Corrales, pero lo cierto es que a fines del siglo XIX los lugares citados eran los arrabales de una ciudad que –citando la feliz frase de Chico Novarro– iba “creciendo a gritos”. La aparición del tranvía en 1871 interconectó esos suburbios entre sí y con el Centro, permitiendo a la población una movilidad hasta entonces desconocida en una ciudad aún ecuestre, en la que las victorias de alquiler no estaban al alcance de todos los bolsillos y que, por otra parte, dejaba mucho que desear en cuanto al estado de sus calles, aun en pleno Centro.

Con esta inopinada ayuda, el nuevo género pronto se extendió por los incipientes barrios y recaló en las “academias” o “cafés de camareras” de San Cristóbal –Solís y Estados Unidos, Solís y Comercio, Pozos e Independencia– y San Nicolás, por 25 de Mayo, por Maipú, por Viamonte (“la meretricia calle del Temple” que cita Borges), por las inmediaciones del Parque de Artillería y por la calle Paraná, donde existían lugares non sanctos en los cuales tocaban desde mediados de los años Ochenta el violinista Casimiro Alcorta –quien habría compuesto allá por 1884 el tango Cara sucia, cuyo título original es irreproducible, luego recopilado por Francisco Canaro–, el violinista y guitarrista Eusebio Aspiazú y el flautista Vicente Pecci; en los famosos cafetines de la Boca; en el Bajo de la Batería; en los “clandestinos”, como el de Laura, en Paraguay y Centro América (hoy Pueyrredón), el de María la Vasca Rangolla, en Carlos Calvo 2721 –donde el moreno Rosendo Mendizábal estrenó El entrerriano allá por 1897 o 1898–, o el de Concepción Amaya (Mamita), en Lavalle 2177, donde habría hecho lo propio en 1900 Ernesto Ponzio, el pibe Ernesto, con su inaugural Don Juan, compuesto hacia 1898.

Cafe_de_HansenOtro rumbo, algo más presentable, fue el de los “Portones” de Palermo: el Belvedere, El Tambito, El Quiosquito, el Pabellón de las rosas o el paradigmático Hansen (foto) que no eran propiamente cafés, sino cervecerías o restaurantes donde las patotas de “niños bien” se entreveraban con compadritos y pesados con resultados muchas veces sangrientos. Fue en El Tambito donde “Cielito” Traverso mató de una puñalada, en 1901, a Juan Carlos “Vidalita” Argerich, amigo de Jorge Newbery, por una cuestión ocasional, según algunos, pasional, otros, y ese enfrentamiento que refleja Celedonio Flores en los primeros versos de Corrientes y Esmeralda perduraría hasta bien entrada la segunda década del siglo. Acotemos que este “Cielito” Traverso era uno de los hermanos –Yiyo, Constancio, Félix y el nombrado– propietarios del café O’Rondeman de Humahuaca y Agüero, frecuentado por el joven Carlos Gardel y que eran los caudillos roquistas del Abasto, como hemos relatado en el número de diciembre de 2012 de esta columna.

Algo alejados de estas turbulencias, florecían por la misma época, por el Centro y aledaños, asociaciones de inmigrantes, que además de su objetivo primordial de “socorros mutuos” también organizaban bailes y otras actividades recreativas. Para ceñirnos solamente al Centro citaremos la Societá Colonia Italiana de Socorros Mutuos, de Paraná 555; la Societá Lago di Como, de Cangallo 1756; la Sociedad Filantrópica Suiza, de Rodríguez Peña 254; la Societá L’Operaio Italiano, de Cuyo (hoy Sarmiento) 1374, con sucursal en Andes (hoy José Evaristo Uriburu) 1240; la sociedad Federal Suiza, de Florida 753; el Centro Eslava, de Suipacha 441; Codigos_BaileUnione e Benevolenza, de Cangallo 1358; la Sociedad La Argentina, de Rodríguez Peña 361 y el mítico Salón San Martín, de la misma calle al 344, que fuera conocido como “el Rodríguez Peña” y al que Vicente Greco dedicó en 1911 su famoso tango homónimo. Sobre el salón Rodríguez Peña refiere García Jiménez en Así nacieron los tangos que “(…) competía entonces, con ventaja, en cuanto a la afición tanguista con otros de asociaciones mutualistas constituidas por honestos súbditos de Víctor Manuel II y Alfonso XIII (…) Éstos se arrendaban a la heterogénea clase media del tango, en noches de entre semana o domingos a la tarde, porque los sábados estaban dedicados a las propias fiestas de las colectividades (…) Reinaba allí el tango sin cortapisas. El lugar era algo así como un término divisorio entre el remoto piringundín de La Tucumana, alumbrado a querosene y con el arroyo Maldonado atrás, y la coqueta casa de madame Jeanne, en la calle Maipú al norte, con moblaje Luis XV y cortinados de seda (…)”.

El lector disculpará la larga parrafada pero al cronista le parecía necesaria para delimitar la cuestión porque todos los lugares nombrados eran, fundamentalmente, lugares de baile, de sociabilidad y también de transacciones amorosas; pero el café con palco u orquesta que estaba naciendo por la misma época era otra cosa. Allí no iban los hombres a bailar, sino a escuchar tangos, a poner los cinco sentidos (y quizás algunos más) en la música que los conmovía, y con la que se sentían identificados, en un rito silente en la cual los músicos oficiaban un culto destinado a configurar la identidad de Buenos Aires y de los porteños. Así pues el cronista comenzará a reseñar los primeros cafés donde fue creciendo el tango, pero eso deberá ser… en el próximo callejeo.

por Diego Ruiz (museólogo y cronista callejero)

mandinga.ruiz@gmail.com

 

Publicado en el periódico Desde Boedo, Año XII, Nº 133, agosto de 2013

http://www.desdeboedo.blogspot.com.ar/#!http://desdeboedo.blogspot.com/2013/08/n-133-agosto-de-2013-los-10-anos-del.html

Nieblas del Riachuelo…

susana tombazzi

Obra: Susana Tombazzi

 

Nieblas del Riachuelo es un tango de Cobián con letra de Enrique Cadícamo.

«Turbio fondeadero donde van a recalar, barcos que en el muelle para siempre han de quedar…»

«Sueña, marinero, con tu viejo bergantín, bebe tus nostalgias en el sordo cafetín…»

En Barracas, Montes de Oca y Osvaldo Cruz, frente al Riachuelo, se mantiene en pie una vieja construcción  que fue Café-Bar y cuna de tangos e historias del arrabal de Buenos Aires.

 

Leer la nota completa: http://www.clarin.com/ciudades/arrabal-bar-tango_0_994100628.html

Más info: http://www.todotango.com/english/las_obras/letra.aspx?idletra=54

El Faro de Villa Urquiza

Dentro de los barrios más alejados del centro de Buenos Aires, Villa Urquiza es el que mayor repertorio tanguero puede exhibir en sus «vitrinas». El Teatro 25 de Mayo (un mini-Teatro Colón donde cantó Carlos Gardel) y dos de las Milongas más célebres de la ciudad: la Sunderland y la Sin rumbo, completan un podio de privilegio. Sin embargo, el primer hito reconocible cuando se entra al barrio por la Av. de los Constituyentes (al 4099, esq. Pampa) es el Café El Faro, uno de nuestros queridos «Notables».

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Se desconoce si su nombre responde a las torres de señalización que sirven a los navegantes. Aunque es de suponer que cuando se inauguró, en 1931, seguro que obró como referencia para quienes entraban y salían de la ciudad a diario. El Café El Faro supo ser Almacén-Bar ocupando también el local vecino que da sobre Constituyentes. Hoy es un reducto que reúne todos los «materiales» disponibles de la cultura cafetera porteña: tres entradas, puertas vaivén, ventanas guillotinas, barra con banquetas. Y por si fuera poco un kiosco de diarios y revistas para hacerse de buena compañía durante la estadía. La decoración respeta la liturgia local, publicidades antiguas, viejas raquetas de tenis, máquinas singer y fotografías de músicos y cantantes que pasaron por el local. Sigue leyendo

Cafés de Novela/4

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Confitería Ideal, Suipacha 384, San Nicolás (Centro)

El sábado, vamos de vuelta con Julio para el centro y pasamos por La Ideal a tomar algo, nada más, siempre pasamos por La Ideal un rato. Entonces me dice “esperame un segundo que ya vengo”. La idea era irnos después para un lugar en Almagro, un lugar medio under que queda en Sarmiento y Medrano, sobre Sarmiento, es como un gran galpón lleno de cuadros, porque de día funciona como atelier para unos artistas y de noche se baila tango.

El bailarín de tango, Juan Terranova (2003)

 

Más info sobre el autor y la novela: http://www.elinterpretador.com.ar/4Entrevista%20a%20Juan%20terranova.htm