The Marine Bar (Dock Sud)

Dentro de la categoría de cafés del bajofondo no habrá ninguno igual, no habrá ninguno, ninguno con su piel ni con su voz. Ubicado en la esquina de la Avenida Juan Díaz de Solís y Pasaje Coronel Dreyer, frente al Canal Dock Sud (Avellaneda) se encuentra todavía de pie un bar portuario, fiel reflejo de una parte de la historia de vida cotidiana de la primera mitad del siglo XX en nuestro país. Un auténtico “antro”: The Marine Bar.

The MarineThe Marine Bar data de 1920. Su nombre se debe a que los originales propietarios (alemanes) quisieron empatizar con los marinos de ultramar que venían por la vacas del Frigorífico Anglo (hoy terminal de contenedores) ubicado a pocos metros. El Dock Sud (o el Docke como le dicen los dockenses) fue un lugar en donde proliferaron grandes industrias y talleres de todo tipo: el mencionado “Anglo” más”La Blanca”, la jabonera “Lever Hnos”, la papelera “Chiozza”, la fábrica de ventiladores “Thot”, la fábrica de cocinas “Dauco”, los talleres navales “Príncipe y Menghi” y “Dodero”, la “Compañía Química”, las usinas “Italo” y la “Chade”, y la aceitera “Dock Oil”. Sus empleados se entremezclaban con personal de los buques que amarraban sobre el Riachuelo y en las dársenas del canal Dock Sud.

20140618_141908Mario, su actual propietario (lo regentea desde 1960), es un genovés que no oculta las historias prostibularias y lumpenes que sucedieron en sus mesas y habitaciones. The Marine Bar llegó a tener 25 coperas trabajando simultáneamente. El bar tenía dos piezas para sus menesteres. Otras trabajaban directamente arriba de los buques. Cuenta Mario que el Dr. Siski, de la Isla Maciel, se daba una vuelta todas las semanas para mantener la salud de las mujeres y que no brotara la sífilis dentro del personal. El inventario también documenta varias peleas de arma blanca, tiroteos y heridos anónimos que eran arrojados a la calle para despejar el salón y no importunar a la clientela. 

20140618_141829Dock Sud llegó a tener en los años sesenta, unos 150 bares y restaurantes que fueron cerrando acompañando la retracción económica del país. Se dice que existían entre 10 y 15 similares a The Marine Bar. Hoy el bar permanece cerrado y en su interior flotan recuerdos y fantasmas de puertos de todo el mundo. Afortunadamente, Mario, con sus casi 80, no se rinde y mira el futuro con optimismo. Tiene el proyecto de reabrirlo como restorán italiano de pasta (cocina de autor) para turistas. La buena noticia es el resguardo patrimonial de una Buenos Aires ya inexistente (no sé si en La Boca quedan bares como este, habría que investigar la situación edilicia de la antiguas cantinas de la calle Necochea) como testimonio vivo de lo que se calificó (con justicia): “la mala vida”. Ojalá que la reapertura no destruya la magia de su interior acumulada en tantas y distantes historias.

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12 pensamientos en “The Marine Bar (Dock Sud)

    • Es verdad Anabel. Pero en términos de división política del Municipio de Avellaneda, Isla Maciel pertenece a Dock Sud. Recién por estos días se está decidiendo nombrarlo Barrio. Te agradezco mucho el haber escrito y el aporte. Saludos.

      • ASI ES , EN NOVIENBRE , DOCK SUD SERA DECLARADA CIUDAD E ISLA MACIEL SERA UNO DE SUS BARRIOS , COMO EL BARRIO LUZ Y FUERZA , DOCK SUD ESTE , VILLA INFLAMABLE , VILLA TRANQUILA ETC ETC TODOS SERAN BARRIOS DE LA NUEVA CIUDAD DE DOCK SUD.

  1. Lindo Bar para conocer parte de la identidad de nuestro país, pronto me daré una vuelta para tomar un café con leche

  2. Pingback: Barra brava/10 | Café contado

  3. tuve la suerte de poder ir una vez a ese bar, creo que por el año 1999, una lástima porque el hecho de que abra para turismo va a hacer que pierda su identidad

  4. Muy buena nota, estaba buscando algo por Internet sobre los bares en Dock Sud y llegue hasta acá. La primera vez que leí sobre el barrio y que llegaron a existir 150 bares me sorprendió bastante, principalmente porque hoy las calles no denotan la misma vida que, según parece, en un pasado remoto si existió. Sin embargo, después de ese detalle me propuse a poner la vista mas ávida e intentar descubrir los bares o cantinas que anteriormente existían, y para mi sorpresa me encontré con muchas casas de chapa y madera que tienen la pinta de que en algún momento fueron bares, ya no tienen inscripciones ni tampoco hay casi señales, pero se denota por algunos aspectos que quedaron en la fachada. Tengo solo 21 años, viví toda mi vida en el docke, no pude ser parte de esas experiencias porque me superan en el tiempo, pero creo sentir una gran nostalgia sobre ese pasado ahora enterrado, y aun ese sentimiento debe ser muy pequeño en comparación con la que debe sentir Mario. Quizá es ese aire pintoresco que le dio la misma vida a La Boca, o a los puertos retratados en las películas donde se suceden una cantidad incontable de historias ineditas. Y por otra parte, es ver al barrio donde crecí como recordando el mismo con nostalgia a través de las personas. Dudo que los clubes vuelvan a tener el protagonismo que alguna vez tuvieron, y que unan a los vecinos de la misma forma. Hoy lo que nos queda es mantener la memoria de lo que fue ayer el Docke, e intentar recuperar todo lo que podamos para que el día de mañana sepan los orígenes de este hermoso barrio.

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