Barras bravas/12

El Faro

El Faro de Villa Urquiza – Ph: Café contado

El Faro, Av. de los Constituyentes 4099, Villa Urquiza

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El Motivo (Villa Pueyrredón)

En Buenos Aires el Café de la Esquina forma parte del ADN que nos constituye. Su espacialidad puede ser reconstruida en el imaginario de todo porteño. Hoy, son muy pocos los que conservan esa estructura matricial. El barrio Villa Pueyrredón tiene uno: El Motivo.

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El Motivo parece un templo arqueológico no descubierto por la modernidad. Su mimetismo con el entorno barrial logra mantenerlo oculto y preservado en su estado original. Más la sólida resistencia de su propietario don José Escobar. Queda en la esquina de Salvador María del Carril y Zamudio. De la vereda de Villa Pueyrredón (que debiera cuidarlo y presentarlo como una de sus más preciadas joyas). Al atravesar el umbral de la ochava se experimenta la sensación de armonía, serenidad y paz que transmite la naturaleza en su estado puro. Sigue leyendo

El Faro de Villa Urquiza

Dentro de los barrios más alejados del centro de Buenos Aires, Villa Urquiza es el que mayor repertorio tanguero puede exhibir en sus “vitrinas”. El Teatro 25 de Mayo (un mini-Teatro Colón donde cantó Carlos Gardel) y dos de las Milongas más célebres de la ciudad: la Sunderland y la Sin rumbo, completan un podio de privilegio. Sin embargo, el primer hito reconocible cuando se entra al barrio por la Av. de los Constituyentes (al 4099, esq. Pampa) es el Café El Faro, uno de nuestros queridos “Notables”.

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Se desconoce si su nombre responde a las torres de señalización que sirven a los navegantes. Aunque es de suponer que cuando se inauguró, en 1931, seguro que obró como referencia para quienes entraban y salían de la ciudad a diario. El Café El Faro supo ser Almacén-Bar ocupando también el local vecino que da sobre Constituyentes. Hoy es un reducto que reúne todos los “materiales” disponibles de la cultura cafetera porteña: tres entradas, puertas vaivén, ventanas guillotinas, barra con banquetas. Y por si fuera poco un kiosco de diarios y revistas para hacerse de buena compañía durante la estadía. La decoración respeta la liturgia local, publicidades antiguas, viejas raquetas de tenis, máquinas singer y fotografías de músicos y cantantes que pasaron por el local. Sigue leyendo