La Colmena, una película de Café

“La Colmena no es otra cosa que un pálido reflejo, que una humilde sombra de la cotidiana, áspera, entrañable y dolorosa realidad. Un trozo de una vida narrado, sin reticencias, sin extrañas tragedias, sin caridad como la vida discurre. Queramos o no queramos. La vida es lo que vive -en nosotros o fuera de nosotros-; nosotros no somos más que su vehículo, su excipiente como dicen los boticarios”.

Camilo José Cela

Mario Camus llevó al cine, en 1982, el texto de Cela que transcurre, en gran parte, en el Café La Delicia. El Café sirve de refugio para el frío, la soledad y los sueños compartidos de miles de madrileños de la posguerra civil. Muchos de éstos (junto a tantos otros de La Coruña y Asturias) emigraron a Buenos Aires buscando otra suerte. Y se instalaron en nuestra ciudad para hacer lo que mejor sabían: atender Cafés. Los Cafés de los “gallegos” produjeron el clima, el ambiente y la contención espiritual que transmite la película, dándole cobijo y un lugar de trabajo a grandes letristas de la época de Oro de nuestro tango.

Darín, Francella y nuestra pasión por el café

Buenos Aires tiene un listado de 73 cafés Notables. Sin embargo, la tradición de ir al café lo excede largamente. Ocupa todo el territorio de la ciudad. Se expande por todos sus barrios. Para los porteños el café es un templo. Y cumple las funciones de tal. Se ingresa al templo para adorar a los dioses, meditar, confesarse; o para marcar una distinción entre el exterior superficial, capitalista e insensible, con el interior: profundo, humano e íntimo.

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Los templos (de la religión que sea) se construyen con imágenes que se veneran. Materiales reconocibles. En el café también. El piso en damero, las mesas de madera con sus sillas thonet, la barra de estaño, los banderines, un ventilador y las estampitas paganas.

Bar Devoto

Y así como para un creyente da igual la Capilla Sixtina que un altarcito en la ruta, igual sucede con los porteños y su café. Que puede no disponer de los materiales mencionados. No importa. Lo tenemos en nuestro imaginario y así lo vemos. Y puede ser un Notable como que apenas se note. Un café del bajofondo. Un tugurio.

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El vínculo entre Buenos Aires y sus cafés es fanáticamente religioso. Tanto que lo reconocieron con un Oscar en Hollywood. ¿Acaso no te acordás del “Secreto de tus ojos” cuando Francella explica la pasión por los comulgues cotidianos en su café preferido?