Bar Antonio – Curuzú Cuatiá (Corrientes)

20150602_101215El Bar Antonio no queda en Buenos Aires, pero, vamos, que tampoco me voy a reducir a un territorio determinado a la hora de contar tesoros encontrados. Una jornada cultural me llevó hasta Curuzú Cuatiá. Llegué de madrugada y a un horario prudente me largué por el pueblo en busca de un café. Ardua tarea. A la Plaza Central sólo mira una heladería-café con la falta de identidad propia de un sitio globalizado que puede replicarse por igual en cualquier sitio. Fui y vine por la calle principal y por su paralela (también comercial) sin éxito (no cuento pizzerías, no califican, y sólo observé una). Curuzú es una ciudad que, por su tamaño, la gente vuelve a sus casas y los puntos de encuentro son las plazas y parques.

Las vueltas me llevaron a la Terminal de Ómnibus. La misma de mi arribo horas antes. Y allí estaba. En la vereda de enfrente. Pura lógica. (Bien temprano, cuando llegué, estaba cerrado). El sitio donde recaen los que no tienen dónde ir. El Bar Antonio.

Antonio es un encantador correntino, afable, educado y curioso. Su Bar tiene más de 100 años. Queda en la calle Gobernador Gómez 814. En épocas mejores supo tener también la esquina que funcionaba como despensa de ramos generales. Hoy sólo mantiene el bar del costado. (En la esquina venden electrodomésticos).

El Bar abre a las 8 y cierra para la siesta. Reabre a la tardecita. No voy a decir que a la hora del vermú, porque ese vicio no tiene horario. Mi visita sucedió a las 10 am y el lugar me cobijó como un refugio guaraní. Sus paredes están intervenidas artísticamente por el sobrino de Antonio. Un tótem infaltable: el Gauchito Gil. Mobiliario, barra, bebidas, balanza, iluminación, piso, aberturas, son de un valor patrimonial y un capital simbólico local tal en todo Curuzú, que resulta imperdonable que no figure como hito turístico.

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Ya saben. Quienes visiten Curuzú Cuatiá (fundada por el General Manuel Belgrano en 1810 cuando iba camino al Cabildo de Asunción para anoticiarlos de la Revolución ocurrida en Buenos Aires) no dejen de visitarlo a Antonio. Pueden desayunar, almorzar, copetear y cenar en el Bar. El que, por otra parte, se amolda al cliente. Carece de estructuras, horarios y rigideces propias de una urbe. Sin lugar a dudas, una de las atracciones más interesante curuzucuateña es regalarse en vida (porque, además, los precios son un regalo) una charla con Antonio. 20150602_101333Aquí les dejo un breve y riquísima anécdota que viví durante mi visita. Me despido y salgo a la vereda para sacarle una foto a la entrada. Sale Antonio en mi búsqueda. Se conoce que le había quedao un entripao:

Antonio: De dónde sos en Buenos Aires vos?

Yo: De Boedo.

A: Eso queda cerca de Puente Alsina, verdad?

Y: Sí, Puente Alsina es Pompeya y Boedo es el barrio que sigue.

A: Yo viví en Buenos Aires cinco años. Entre el ’70 y el ’75. Trabajaba en una dependencia del Correo. Siempre me iba a caminar por Puente Alsina…

Y cuando creí que estaba dicho lo que quería decirme y me estaba volteando para seguir mi rumbo, metió un remate inolvidable que me llevo para siempre de Curuzú Cuatiá.

A: (Siempre me iba a caminar por Puente Alsina)… viste que en Buenos Aires no hay mucho para hacer los fines de semana.

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