Cafés por el piso/19

20140319_103020Café Tortoni, Av. de Mayo 825, Montserrat

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Café Tortoni

Leer en cafés

libro = persona

Y ver a alguien leyendo un libro que te gusta dentro de un #cafécontado es seguir un blog recomendándote un café donde paran las personas que leen libros que te gustan.

El culto a la cola

cajerosEl grupo se disolvió una vez que el Banco Ciudad reemplazó los viejos cajeros automáticos por nuevos. Hasta entonces todos los días hacían la misma cola. Los descubrí por casualidad. Yendo a operar los cajeros de la sucursal de Av. Boedo 874. Frente al Margot, mi parroquia preferida. Las terminales siempre fueron tres y la cola una sola. La dinámica simple: al liberarse cualquier de las máquinas le correspondía el turno al primero de la fila. Dos de los tres cajeros parecían operar con mayor fluidez, pero otro, el tercero retenía a los clientes por inexplicables minutos. Los usuarios que caían atrapados en esta tercera unidad rezongaban, negaban con la cabeza, maldecían y al cabo de un buen rato dejaban pasar su turno y volvían resignados a ponerse al final de la cola y así dar inicio a un nuevo circuito. La chica que me precedía fue quien me alertó. “¿Funciona ese cajero?”. El reflejo del sol no me dejaba ver con nitidez. Me acerqué con cuidado de no importunar al cliente que estaba tecleando con sus dedos índices cargados bronca para percibir con extrañeza que la pantalla estaba a oscuras. Tal cual, no funcionaba. La cola seguía avanzando. La gente advertida cuando se liberaba la unidad que no funcionaba no perdía tiempo intentando lo imposible. En ese momento surgían de la cola personajes que haciendo un gesto de permiso al primero de la cola pedían autorización para ir a malgastar su vida en una máquina rota. Esto que cuento no lo comprobé inmediatamente. Fue una sospecha. Observé que un grupo manejaba códigos propios y que se cedían el turno para pasar a no operar. La sensación que tuve colmó mi curiosidad y por dos o tres días fui hasta el Banco a utilizar sin necesidad alguna los cajeros automáticos para certificar el hecho. Y ahí estaban. Los mismos. Esperando su turno para perder el tiempo frente a una pantalla oscura mientras hacían catarsis de sus propias vidas. Como si fueran confesionarios del sistema capitalista. La escena me hizo recordar la perfomance del artista eslovaco Roman Ondák que se exhibió en 2002 en la Tate Gallery de Londres. Era una fila de actores que creaban una cola artificial y que reproducían con sus posturas y actitud la espera de algo. Incluso el público podía “sumarse” a la cola y compartir un rato perdido con esta gente.

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En Boedo la gente extraña abunda. Y en sus cafés se mimetizan con el resto de los mortales. El Margot dispone de un repertorio (algunos ya los he contado) que lo enriquece. Incluidos muchos de estos coleros que se cruzaban la avenida para pasar a los baños del café. O pedían permiso para sentarse por unos pocos minutos a las mesas aduciendo que los cajeros automáticos estaban fuera de servicio y que personal del banco les habían asegurado volverían a funcionar en breve. Los hacedores de una cola inútil pronto se convirtieron en mis compañías cotidianas.

Un buen día todo cambió. La sucursal del Ciudad entró en una renovación (quiero creer que estaría programada y que la misma no obedeció a una decisión de la entidad para terminar con la insólita práctica de un grupo de personas que se reunían a diario para ocupar sus mañanas mientras le echaban la culpa del tiempo perdido a una máquina que de antemano sabían que no funcionaba) y de tres terminales quedaron sólo dos. Flamantes. Y funcionando. El grupo se disolvió en el acto. Todavía hoy, algunas mañanas, desolados y sin rumbo, suelen juntarse en la puerta del banco buscando una explicación a su infortunio. Uno de ellos suele volver por las noches y recorre las mesas del Margot y de los cafés vecinos. Es vendedor ambulante. Fácil de reconocer. Va con su valijita repleta de frascos caseros. Vende perfumes… de yuyos y de alfalfa…20140328_090035

Un tango maldito (Adolfo Berro 4050)/2

Trailer del corto “Un tango maldito” ganador del concurso “Un barrio de película” del Instituto Nacional de Artes Audiovisuales (INCAA). Guión de Carlos Cantini, avatar de Café contado, un parroquiano servidor.

La polémica entre los grupos Boedo y Florida

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«Ajuste de cuentas. Boedo y Florida entre la vanguardia y el mercado» es un acercamiento de la Doctora en Letras (UBA) Gabriela García Cedro a la polémica que dividió a la crítica literaria y al mundo intelectual. Polémica que, en algún punto, parece teñir los distintos momentos históricos en nuestra sociedad. Los integrantes de cada grupo solían reunirse en cafés donde fijaban sus posturas políticas. El Florida (con Jorge L. Borges entre otros) lo hacía en la Confitería Richmond. Los Boedistas con Elías Castelnuovo, Álvaro Yunque y Leónidas Barletta a la cabeza no tenían un sitio de referencia con la presencia de la Richmond, pero sí se reunían y publicaban sus obras en editoriales del barrio (Claridad, Av. Boedo 837).

A continuación se reproducen tres fragmentos de la Introducción del libro.

Este libro toma como eje la polémica entre Boedo y Florida. El objetivo consiste en reconstruir el diálogo que se dio entre las publicaciones dirigidas por Evar Méndez y Antonio Zamora, recuperando la voz que le ha sido negada, salvo en esporádicas ocasiones, a Boedo. Propongo leer el enfrentamiento a partir de las fuentes, de lo publicado en las revistas, para constatar en qué consistió realmente, por qué y en qué términos discutieron. Boedo y Florida disputaban, fundamentalmente, el derecho a la legitimidad.

La lectura de la polémica sostenida por Boedo y Florida ha contribuido a acentuar un antagonismo esquematizado: por un lado, la literatura social, el afán pedagógico y, por el otro, el arte por el arte, el culto a lo nuevo. Sin duda, hay elementos que justifican esas aseveraciones, pero el esquematismo obtura el ejercicio crítico.

No me interesa hacer crítica con la crítica. Mi investigación apunta a retomar la polémica a partir de las voces de sus protagonistas durante los momentos más crispados del enfrentamiento. Sólo conociendo los espacios comunes, lo que se disputó y los términos en que se hizo, la polémica podrá ser vista como un elemento esencial en la constitución de la vanguardia porteña. Porque si, a noventa años de ocurrida, la polémica sigue resultando tan atrayente como conflictiva, es porque ahí hay un problema fundacional en la literatura argentina que debe ser revisitado.

 

Para los interesados se adjunta Introducción completa y tapa:

boedo florida Ajuste de cuentas intro

Ajuste de cuentas tapa

Crítica al libro en el diario El Litoral:

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2013/12/16/opinion/OPIN-02.html

Crítica al libro «Boedo y Florida, una antología crítica» (misma autora) en el diario Página/12:

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-2396-2007-01-07.html

 

 

El mobiliario ideal para tomar un café (según Revista Living)

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Diseño del estudio español Stone Designs para la firma japonesa +d.

 

Lee más:

http://www.espacioliving.com/1673294-el-mobiliario-ideal-para-tomar-un-cafe

http://www.stone-dsgns.es/

 

 

Cafés por el piso/18

20140305_111423Celta Bar, #CaféNotable, Sarmiento 1701 (esq. Rodríguez Peña), San Nicolás

Más info:

Bar Celta

DEFABULA CAFETETERIA. Gijón (Worldcoffees x bloggers/2)

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Defabula no es sólo un café-tetería donde puedes deleitarte con sus tartas o bizcochos de fábula, o sus tés biologicos y zumos o tomar una cerveza o un vino, es además una sala de lecturas y un lugar de exposición a través de sus propuestas de talleres para grandes y pequeños: club de lectura, cuentacuentos, mercadillo de ropa vintage y prendas originales, talleres de escritura creativa o improvisación teatral…No te pierdas sus propuestas y disfruta de su cálido ambiente mientras te tomas algo.

Están en la calle Marques de Casa Valdés 25, en Gijón.

Y aqui está su enlace de facebook:

https://www.facebook.com/defabulacafe

Ver la entrada original

Los cafés notables porteños en peligro de extinción

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(Bar La Coruña, San Telmo. Todavía se observan los stickers que lo declararon Café Notable de la Ciudad)

Farmacias, concesionarias y comercios de artículos plásticos vienen reemplazando, en algunos casos, el paisaje urbano que caracterizó a los barrios porteños durante décadas. Es que, a pesar de que en 1998 se creó en la Ciudad de Buenos Aires la Comisión de Protección y Promoción de Cafés, Bares, Billares y Confiterías Notables, desde entonces y hasta 2013 ya cerraron ocho de esos históricos espacios. Además, de los 75 de estos cafés que todavía se mantienen en pie, dos corren serio peligro de cerrar sus puertas para siempre.

 

Lee la nota completa del diario Perfil:

http://www.perfil.com/sociedad/Los-cafes-notables-porteos-espacios-y-costumbres-en-peligro-de-extincion%E2%80%9320140319-0022.html

 

Café Tortoni

A casi un año de comenzar este blog es momento de ocuparse del Gran Café Tortoni. En verdad, no lo hice antes porque es un café del cual queda poco por decir, mucho se sabe y es muy fácil encontrar información veraz. Pero, en fin, es como escribir sobre la cultura incaica y no mencionar Machu Picchu. Y «el público se renueva» diría una legendaria estrella del espectáculo vernáculo. Sobre todo, el público extranjero, de donde provienen muchos de los lectores. El Café Tortoni es el más viejo (aún funcionando) de Buenos Aires, data de 1858. El local daba sobre Rivadavia y recién cuando se construyó la Avenida de Mayo, un 26 de octubre de 1894, se inauguró su hoy tradicional puerta de ingreso (a la altura del 825) a través de la gran vía porteña. Esta fecha la adoptó la Legislatura de la Ciudad para celebrar el Día de los Cafés (ver https://cafecontado.com/promocion-2-x-4/)

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El nombre Tortoni homenajeaba a su homónimo de la ciudad de París que fuera creado después de la Revolución Francesa por un italiano, vendedor ambulante de helados, que lo hizo famoso y donde popularizó la «cassata». Describirlo es innecesario. Las fotos son elocuentes y la información gráfica abundante. Lo importante es lo que representa para todos los argentinos. Si en Buenos Aires el café es religión, el Café Tortoni es su Templo Mayor. Ingresar al Tortoni es como hacerlo a una Institución formadora de una cultura que trascendió generaciones («la escuela de todas las cosas» de Discépolo). Como las legendarias construcciones medievales de Universidades que se erigen orgullosas en ciudades milenarias. En su interior se hace difícil abstraerse del entorno. No hay modo de sostener una charla, por importante que sea, sin dejar de estar consciente del lugar donde se la está manteniendo. Definitivamente no. Uno está en el Tortoni y eso aporta su propio peso específico y simbólico. Sigue leyendo