Café Saavedra

Buenos Aires, como ciudad puerto que es, está atravesada por varias líneas ferroviarias. Con muchas estaciones dentro de su territorio. Y a cada estación le corresponde su café-bar cercano. Pero pocas, muy pocas, lo sostienen tan genuinamente original como la Estación Saavedra y su estrella más cercana: el Café Saavedra.

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Café Saavedra – Ph: Café contado

El Saavedra es un reducto de documental del National Geographic. Sus actuales operadores (muy jóvenes) dicen, con margen para no equivocarse, que tiene más de 70 años… Son muchos más que eso!!! 2014 menos 70 da: 1944, y la Estación se inauguró en 1891. No me animo a afirmar que son del mismo año, pero este café ya debe ser centenario. En su época de esplendor fue conocido como “El colmao” por la cantidad de gente atiborrada en su interior (el lugar es pequeño, propio de sitio de copetín al paso) más los que ocupaban toda su vereda.
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El Bar de Julio

Buenos Aires tiene sus espacios de culto donde el café, tango y bohemia siguen dialogando con códigos que constituyen la porteñidad. Muchos de estos lugares están en la periferia (ver, x ej. https://cafecontado.com/2013/09/12/el-faro-de-villa-urquiza/) de la ciudad. O bien ocultos en los barrios del sur. Sin embargo, existe uno que se sostiene en pleno centro. Y cuando digo pleno centro, me refiero al pleno centro. Frente al mismísimo Obelisco. Es El Bar de Julio.

20140214_095020El Bar de Julio queda sobre la Av. Roque Sáenz Peña (Diagonal Norte) al 1129. Desde su vereda se puede tomar un café mirando al Obelisco: Buenos Aires al palo. El lugar tiene una historia singular. Fue reducto de la noche tanguera de la época de oro del tango. Las fotos colgadas en sus paredes de famosos músicos y letristas que lo visitaban a menudo, cuando en verdad era el Bar de Julio, no deja mentir. Su actual dueño es Howard Albert Wayne, nacido en Tennesee, USA, aunque criado en el país. Compró el lugar en 1996 cuando funcionaba como una sanguchería de gallegos y a poco ponerse a refaccionarlo aparecieron los viejos vestigios de pasado tanguero. Como, por ejemplo, un mural de Carlos Gardel. Luego fueron antiguos parroquianos los que lo fueron poniendo al tanto a Howard de las historias y personajes que lo frecuentaban, entre otros, el Polaco Goyeneche, Rubén Juárez y Alberto Marino. Afortunadamente todo está documentado y exhibido. El salón sigue manteniendo las viejas mesas con sus sillas de madera. Sigue leyendo