Cafés por el piso/11

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La Poesía, Bolívar y Estados Unidos, San Telmo

Cafés por el piso/9

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Café Margot, San Ignacio y Av. Boedo, Boedo

La Puerto Rico

Dentro del listado oficial de Cafés Notables de Buenos Aires, La Puerto Rico ocupa un lugar de privilegio. Su ubicación en el Casco Histórico y su cercanía con diversos sitios de interés lo colocan en un podio de los cafés que ningún porteño puede desconocer y todo turista debe visitar. Particularmente es uno de mis preferidos porque lo he frecuentado a diario durante muchos años trabajando por la zona. Originalmente, desde 1887, el local estaba sobre la calle Perú entre Alsina y Moreno. Don Gumersindo Cabedo, su fundador, lo bautizó de esta manera recordando su paso por Puerto Rico. El local actual, en Alsina 416, abrió sus puertas en 1925.

La Puerto Rico

20130712_122539El mobiliario de La Puerto Rico es de excepción. El salón es muy amplio, con alrededor de 70 mesas con tapas de mozaico granítico negro y el nombre incrustado en estaño. Las bases de las mesas, sillas y boiserie (alcanza los dos metros de altura) son todas en madera.

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El patrimonio material de La Puerto Rico se completa de espejos biselados, el piso original con motivos caribeños, y su puerta de doble hoja de ingreso. No falta, por supuesto, la concebida foto de Carlos Gardel, un cuadro con motivos de Quinquela Martín y un homenaje a Enrique Cadícamo, habitué del lugar. Cadícamo vivió hasta los 99 años, casi todo el siglo XX. Nació en 1900. Es decir, fue contemporáneo, amigo, poeta y compinche de todos los tangueros que se puedan memorizar. Y, con seguridad, quien lo visitó más años. Sigue leyendo

Fotos que dicen/8

El Banderín(El Banderín, Guardia Vieja 3601, Almagro)

«En Nueva York las mejores tiendas están en la Quinta Avenida; en Buenos Aires los mejores cafés están en calles de cuarta».

Café contado

Cafés por el piso/8

El Progreso - Barracas

El Progreso, Av. Montes de Oca y California, Barracas

Cafés por el piso/7

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Los Galgos, Callao y Lavalle, San Nicolás

La guerra de los medios llegó al Café

Margot

Esta escena la vivo a diario en el Margot de Boedo, pero sospecho que los roles de sus protagonistas pueden ser reproducidos en cualquier Café de la Ciudad. Desde que se impuso la solidaria moda de ofrecer diarios para lectura gratuita, la tenencia de éstos en algunos cafés alcanza miserias humanas insospechadas. En el Margot desde un principio se instaló la figura del “acaparador” de diarios. Señor robusto, por sus años ha de ser jubilado, de gesto adusto. El Acaparador se autoproclamó dueño y señor de la tenencia para consumo propio, y por el tiempo que le venga la gana, de todos los diarios disponibles, que no son menos de tres de tirada nacional más un periódico barrial, ante el silencio cómplice, respetuoso, y porqué no cobarde, otorgado por el resto de los parroquianos de las mañanas en el Café.

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El Acaparador llega bien temprano y acumula en su mesa de lectura todos los ejemplares y los va liberando, de a poco, a su debido tiempo, manejando los tiempos, miradas, urgencias y ansiedades del público. Es el protagonista, el actor principal. Y tiene montado su unipersonal.

Pero, fue una mañana que una mujer también mayor, con exceso de pintura en su rostro, se subió al escenario a disputarle protagonismo. No tuvo nada que decir. Ni fue necesario formalizar el enfrentamiento. Tampoco manifestarlo corporal o gestualmente. El juego se planteó sin recurrir al desafío explícito.

A partir de ese día el Acaparador mostró debilidades humanas, le aparecieron tics, tos alérgica, y, más evidente aún, comenzó una lectura nerviosa de los diarios.

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Todo fue por la mirada inquisidora de la mujer pintada en exceso que empezó a descargar la electricidad que todas las lamparitas bajo consumo de los ojos de los demás parroquianos juntas no llegamos a empardar. El primer actor, de todos modos, llevaba una ventaja inalcanzable a la nueva actriz protagónica: no pasaba a diario por maquillaje y siguió siendo el primero en llegar.

Hace unas pocas semanas observé que la mujer pintada empezó a traer una bolsita plástica colgando de su brazo. De su interior sacaba diarios viejos que, sin que el Acaparador lo notase, dejaba en otras mesas. El olfato del viejo sabueso cayó en la trampa y, sin darse cuenta, en su patológica voracidad, empezó a consumir noticias viejas.

Una mañana, cerca del mediodía, cumplida su tarea con la contracción y rigidez habitual, el Acaparador salió a la calle con la actitud satisfecha del deber cumplido. Se fue caminando, y empapándose, bajo una lluvia torrencial por la Av. Boedo. El diario viejo que le había traspapelado la mujer pintada en exceso anunciaba un día soleado.

 

Cafés por el piso/6

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Bar de Cao, Independencia y Matheu, San Cristóbal

Cafés por el piso/5

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Café Dorrego, Defensa y Humberto Primo, San Telmo

Boston City (un Pasaje a BA por el valor de un café)

La «Güemes» es la primer Galería de Buenos Aires. Queda en Florida 165, entre Mitre y Perón. Inaugurada el 15 de diciembre de 1915, fue el edificio más alto de la ciudad hasta que levantaron el Barolo en la Av. de Mayo. La obra se la encargaron dos comerciantes salteños al arquitecto italiano Francisco Gianotti, el mismo de la Confitería El Molino.

Desde 1962 funciona en el interior del Pasaje el Café Boston City, uno de los Notables de Buenos Aires. Si bien tiene mesas, el Boston es, por esencia y distribución, un café de barra. De los pocos que quedan en la ciudad. Y hay que vivirlo como tal, de pie.

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El Boston es un café de charlas compartidas. El formato de la barra permite que se sostenga un monotema entre parroquianos. Situado en plena city financiera, el mejor horario para experimentarlo es al almuerzo cuando se llena de oficinistas de la zona que le imprimen una rotación y dinámica que no decae hasta bien pasado el mediodía. La agenda de temas es de actualidad pura: fútbol, policiales y política. Café con códigos de los de antes, primero se consume y después se le «dicta» lo ordenado al cajero. El azúcar no viene en sobrecitos. Sus habitués dominan la azucarera vertedora a gusto. Sigue leyendo