Filosofía barata y medialuna de grasa VII

Cultura. Identidad. Patrimonio.

De visita al Café Proa recorrí la muestra “Crear mundos” y recordé la lectura del libro Manera de hacer mundos del filósofo norteamericano Nelson Goodman. El texto integró mi estado del arte al escribir la tesis de Maestría. Sirvió para reflexionar sobre los distintos cafés de Buenos Aires, su veracidad y características. La ciudad es rica en diversidad de propuestas. Los hechos históricos que construyeron su narrativa dejaron (y lo siguen haciendo) testimonio en locales comerciales que se constituyeron en “escuela de todas las cosas”. Así es como aún quedan rastros de viejas pulperías o almacenes-bar, confiterías con pretensiones de capital imperial, bares que ayudaron a darle identidad propia a barrios, cafeterías de trabajadores corporativos y espacios nocturnos de bohemia y diversión. Cada uno es un mundo. Todos son Buenos Aires.

Esta reflexión reaviva la disputa entre monistas y pluralistas. Los primeros conciben un único mundo conformando su pensamiento…

Ver la entrada original 519 palabras más

Filosofía barata y medialuna de grasa VI

Cultura. Identidad. Patrimonio.

Días atrás leí en Perfil un reportaje de Jorge Fontevecchia al filósofo Samuel Cabanchik (“En Argentina es muy difícil encontrar algo insensato de imaginar”). En la entrevista, el ex – senador nacional, cita a Immanuel Kant. Kant supo distinguir entre enseñar filosofía y enseñar a filosofar. Confiesa Cabanchik que en un momento de su carrera como docente transitó el pasaje de pretender enseñar filosofía a sus alumnos para instruirlos en filosofar. Doy fe del logro. A Samuel lo tuve de docente en Introducción a la Filosofía y supo transmitirme esa praxis.

Recordé también que Kant tenía la costumbre de repetir una práctica cotidiana. Sus famosos paseos por Königsberg. La ceremonia del filósofo consistía en pasear todos los días a la misma hora realizando el mismo recorrido. Yo también tengo la invariable costumbre de salir a caminar a diario a cumplir con mi misa de 11 en cafés…

Ver la entrada original 265 palabras más

Filosofía barata y medialuna de grasa V

Cultura. Identidad. Patrimonio.

Una amiga que reside en Málaga, porteña ella, me envió un podcast de la Radio Nacional Española (RTVE) con una entrevista al filósofo José Carlos Ruiz con motivo de la presentación de su último libro: Filosofía ante el desánimo. La nota resulta muy interesante. Principalmente en sus primeros minutos cuando se menciona las paradojas del barco de Teseo y del calcetín de Locke. Y como sufro de una desviación crónica que me hace reducir todo a la geografía de un café es que aquí me tienen nuevamente. Antes un breve recordatorio de ambas contradicciones. Cuenta la mitología griega que el barco de Teseo, hijo del Rey de Atenas, fue deteriorándose al estar a la intemperie y que, por lo tanto, sus tablas y cada una de sus partes tuvieron que ser reemplazadas por otras maderas nuevas o con partes viejas, pero de otros sectores, de la misma embarcación. Una vez…

Ver la entrada original 503 palabras más

Filosofía barata y medialuna de grasa IV

Cultura. Identidad. Patrimonio.

En mi última reflexión filosófica barata cité al historiador italiano Loris Zanatta cuando dijo que “la religión es repetición, aunque lo sea de la mentira”. Esto me recordó la lectura de un libro de otro historiador, Eric Hobsbawm, británico en este caso, sobre la invención de una tradición a partir de repeticiones. Estando a cargo del Bar Notable La Flor de Barracas me propuse organizar un evento que creara identidad y sentido de pertenencia para lograr que ese rincón de Suárez y Arcamendia se lo identificara de manera insoslayable con el barrio. De ahí surgió para cada último sábado de septiembre: La Noche de Arolas. Eduardo Arolas, el Tigre del Bandoneón, tanguero de la Guardia Vieja, nació y vivió a un par de cuadras de la Flor. Dejó muchas huellas en el barrio. Todas difusas o, directamente, borradas por el “progreso”. La intención, entonces, fue reinstalarlo en…

Ver la entrada original 335 palabras más

Filosofía barata y medialuna de grasa III

Cultura. Identidad. Patrimonio.

Tengo la devota práctica de entrar a un café, a diario, a media mañana. Desayuno en casa, pero la segunda mañana sucede en un café. Llueva o truene. Mientras no estemos en cuarenta estricta por algún virus herético. A este rito lo llamo: Misa de 11. De vez en cuando, para no pecar de pesado, me gusta compartirlo en redes. La ceremonia del café en Buenos Aires tiene un profundo vínculo con las costumbres religiosas. La liturgia no se reduce sólo a la asistencia a misa. El espacio físico también es percibido como un templo. Es el antropólogo y filósofo Rodolfo Kusch (1922-1979) quien mejor definió el sagrado ritual de ir al café o bar cuando lo compara con las ruinas de Tiahuanacu y las concepciones de las culturas prehispánicas. Cito textual:

[…] Toda esta penosa lucha por entrar en el café y llegar a la mesa ¿no parece como…

Ver la entrada original 350 palabras más

Filosofía barata y medialuna de grasa II

Cultura. Identidad. Patrimonio.

El domingo anduve por San Telmo. Encontré cerrado el Bar Plaza Dorrego. Starbucks, en la esquina de enfrente de Defensa y Humberto Primo, estaba abierto. No sé si el Dorrego cerró definitivamente sus puertas. Venía con demasiados conflictos en la prepandemia. Recuerdo haber pasado cuando estaban los dos abiertos y observar más clientes en la franquicia norteamericana que en el Notable. Algo similar pasa entre el Starbucks de Av. De Mayo y Santiago del Estero y su vecino lindante, también Notable (volveré alguna vez sobre este punto), el Bar La Embajada. Me pregunté por qué tanta gente elige las propuestas franquiciadas. Las respuestas fáciles e inmediatas sostendrán que la propuesta gastronómica es más variada y saludable acompañando a las demandas actuales. O que los baños y servicios son más modernos e higiénicos. Son todas observaciones válidas. También el hecho de que ingresando, por ejemplo, a un Le…

Ver la entrada original 559 palabras más

Filosofía barata y medialuna de grasa

Cultura. Identidad. Patrimonio.

Hace unos días, a partir que se pudo, me fui al Bar El Progreso a tomar café. Llevaba la Revista Ñ de lectura. Una nota escrita por Federico Romani en la sección Ideas me atrapó. Eran una serie de apuntes del filósofo coreano Byung-Chul Han sobre su reciente libro, pero que aplicaban también a la coyuntura pandémica. Represéntense la escena. Bar El Progreso, un Notable, abierto en 1942. Barrio: Barracas. El salón donde se filmaron decenas de películas y cortos publicitarios. En la mesa mi café, una medialuna y la revista (los resaltados y comentarios en birome fueron posteriores porque en ese momento no tenía los elementos).

El primer párrafo dice que dice Han: Como acciones simbólicas, los ritos están atravesados por los valores y los sentimientos que cohesionan una comunidad. En esa simbología descansa la tradición, se asienta un saber fijado por el tiempo, se transparenta la “duración” de…

Ver la entrada original 737 palabras más

Bar Roma. Abasto.

En 2013 escribí un artículo para mi blog a partir de un reportaje a Eduardo Galeano publicado en el diario La Nación. En éste el poeta afirmaba que, a diario, tomaba un café con Dios en el Brasilero de la capital uruguaya. Dios se apellidaba la camarera andaluza que atendía las mesas. Jugando con la singular observación de don Eduardo me atreví a decir, en ese entonces, que si en Montevideo se tomaba café con Dios en Buenos Aires se lo podía hacer con Jesús.

Jesús junto a su hermano Laudino, eran dos asturianos que se habían hecho cargo en 1951 del Bar Roma, abierto en 1923 como almacén-bar, en la esquina de Tomás de Anchorena y San Luis, del Abasto. El Roma del Abasto (porque existe un homónimo en La Boca) tiene una historia tan rica que, con los años, con justicia divina, se lo reconoció Bar Notable. Jesús ya no lo atiende, aunque sigue ocupando la misma mesa todos los días. Un grupo gastronómico tomó las riendas del Bar con un cuidado respeto por su historia y patrimonio barrial y Jesús, que sigue viviendo en la planta alta del edificio, mantiene su rutina de vida desde que llegó de España.

La ilustración es de cuando yo lo frecuentaba. Y el de la imagen es Jesús. Pasé muchas tardes-noches durante los huecos sin películas de la programación del BAFICI. Una noche de diluvio llegamos empapados con amigos luego de correr bajo la lluvia desde el shopping, sede del Festival. Nuestro aspecto daba lumpen. Andrajosos y desdichados. Jesús nos recibió como hermanos, se llevó nuestros abrigos a que se secaran cerca del horno, mientras nos calentaba comida y multiplicaba bebidas. Discutimos sobre cine, opinamos de directores y elegimos, a nuestro entender, los mejores guiones. Sin saberlo, estábamos siendo parte de una puesta que sólo la naturaleza era capaz de expresar con perfección suprema. Una bendición bañada con agua de lluvia. Estábamos interior/noche cobijados frente a la furia desatada en el exterior, rodeados de instituciones judías ortodoxas, en un bar llamado Roma y lo atendía Jesús. Una escena faraónica de la mejor película. Imposible ser más Buenos Aires.

La Orquídea. Almagro.

En Buenos Aires Gardel está íntimamente vinculado con la barriada del Abasto y también con la Avenida Corrientes y el Obelisco. Sin embargo, más arriba en la numeración, a la altura del barrio de Almagro, el zorzal criollo dejó una huella profunda. La leyenda cuenta que cuando el funeral de Carlitos, la procesión, que había partido desde el Luna Park rumbo al descanso final en Chacarita, tuvo un alto fuera de protocolo en Almagro. Corría febrero de 1936. Al llegar el gentío a la intersección de Acuña de Figueroa (4100 de Corrientes) una muy humilde mujer, no muy agraciada, encorvada de angustias y vendedora de orquídeas, se paró frente a la masa deteniendo la caravana. El suceso sorprendió a todos hasta inmovilizarlos. La mujer andrajosa avanzó hasta el coche fúnebre para ofrendar sobre el ataúd sus orquídeas (flor que Gardel le regalaba siempre a su madre Berta). Se sabe en el barrio que un buen hombre conmovido por el gesto la ayudó a retirarse para permitir que el funeral continuase. Y tanto la protegió que la terminó desposando y dándole un hijo al que le pusieron Carlitos. La fuerza de la anécdota no concluye aún. Muchos años después el Mercado de Flores de la ciudad abrió en esta esquina. Y años más tarde el Café-Bar La Orquídea. Pero, hay más. “Almagro” es un tango de Vicente San Lorenzo y que Carlos Gardel cantó con genuino sentimiento y grabó como nadie. Las primeras estrofas rezaban: Cómo recuerdo, barrio querido, aquellos años de mi niñez… Nada es casual. Corrientes esquina Acuña de Figueroa está a la exacta altura de Don Bosco al 4100 (cuadras más abajo hacia el sur) y del Colegio Pío IX donde Gardel asistió de niño. Allí fue compañero de Ceferino Namuncurá y donde compuso su primer tango con letra del indio, pero esa es otra historia. Ésta cuenta que por los sucesos descriptos las almagrenses crearon la Orden de la Orquídea. Y que reconocer su liturgia barrial es fácil. Dense una vuelta por el Bar y toda mujer que vean en la esquina, en actitud desinteresada, en verdad, está esperando que pase un nuevo amor y le cambie su suerte.

Gran Café Tortoni

Es casi unánime que el Tortoni es el café que más nos representa. Por su carácter cosmopolita y su magnificencia. Por el iluminismo que le aportaron artistas, políticos, científicos y personalidades que lo concurrieron. Pero este no es un relato de Civilización. Sino de Barbarie. Porque lo que les comparto hoy es la historia de un indio.

A principios del siglo XX Rosaura era una joven viuda perteneciente a la clase alta porteña que frecuentaba el Tortoni cuando iba de compras a la Casa Wright. Siempre acompañada por Casimiro (nombre visionario), un indio ranquel, prisionero de la Conquista del Desierto, que su padre había recibido siendo niño en una repartija y, con los años, cedido para que la asistiese y protegiese en su viudez. No había sitio en la ciudad donde Casimiro se sintiera tan a sus anchas. El salón plano y dilatado. Un pasillo extenso. Todo le recordaba a su pampa. En el Tortoni ajustaba su mayor habilidad como ranquel: la vista. Rosaura conocía esta capacidad genética y lo utilizaba para que le “marcara”, ni bien cruzaban la puerta, cuáles caballeros que se le acercaban a la mesa lo hacían con genuino interés o escondían sospechosas pretensiones. En la pampa el humo es traicionero. Se ve de lejos. Y la mirada de los indios descubre a la distancia: actitud, semblante e intenciones. Luego de varios meses, un buen día, mientras observaba una partida de billar parado sobre la silla (como lo haría desde el lomo de su caballo) sintió el fresco que la puerta vaivén traía de la calle. Había ingresado un caballero solo, con una niña de la mano. Casimiro los miró tomándose un segundo de más para luego sentarse. Como toda respuesta afirmativa bajó la vista llevando su quijada al pecho.

(El negacionismo de una clase dominante nunca permitió que esta historia se popularice. A mí me fue narrada en un hospedaje de ruta en las afueras de Santa Rosa, La Pampa, luego de atravesar el cruce del desierto, por Jacinto, dueño del acogedor sitio de descanso, y nieto de la relación que Casimiro inició con la niña que marcó esa mañana en el Tortoni).