Una opción diferente para tomar café en Buenos Aires

coffeeneta

Coffee Avenue es una apuesta audaz para la tradicional costumbre de entrar al Café en Buenos Aires. Se trata de la primer cafetería móvil que recorre la ciudad en una coffeeneta.

Dicen sus creadores:

«Sabemos que en Buenos Aires existe una gran variedad de cafeterías que podrían clasificarse como modernas o clásicas, nuevas o con una tradición semejante a la capital del tango, pero indiscutiblemente nuestro concepto MOVIL es lo que nos distingue como diferentes, innovadores y vanguardistas, buscamos siempre estar al ritmo de tu vida y tus necesidades.»

Podés conocer la ubicación diaria de la coffeeneta de Coffee Avenue a través de:

@thecoffeeavenue o https://www.facebook.com/thecoffeeavenuelatam

y acercarte a saborear una completa variedad de productos de cafetería o llamarlos para un evento.

Más info en: http://www.coffeeavenue.com/

Fotos que dicen/14

foto para le pera

(Foto: Ana Luz Sanz)

Si arrastré por este mundo

la vergüenza de haber sido

y el dolor de ya no ser.

Bajo el ala del sombrero

cuantas veces, embozada,

una lágrima asomada

yo no pude contener…

Si crucé por los caminos

como un paria que el destino  

se empeñó en deshacer;

si fui flojo, si fui ciego,

sólo quiero que hoy comprendan

el valor que representa

el coraje de querer.

 

Era, para mí, la vida entera,

como un sol de primavera,

mi esperanza y mi pasión.

Sabía que en el mundo no cabía

toda la humilde alegría

de mi pobre corazón.

Ahora, cuesta abajo en mi rodada,

las ilusiones pasadas

yo no las puedo arrancar.

Sueño con el pasado que añoro,

el tiempo viejo que lloro

y que nunca volverá.

 

Por seguir tras de su huella

yo bebí incansablemente

en mi copa de dolor,

pero nadie comprendía

que, si todo yo lo daba

en cada vuelta dejaba

pedazos de mi corazón.

Ahora, triste, en la pendiente,

solitario y ya vencido

yo me quiero confesar:

si aquella boca mentía

el amor que me ofrecía,

por aquellos ojos brujos

yo habría dado siempre más.

 

Cuesta abajo (Alfredo Le Pera, 1934)

Ellos hablan solos

Sólo dos mesas ocupadas me sirvieron para confirmar el rumor. En una de éstas, una señora mayor, de postura rígida y con carácter, miraba hacia el interior del café mientras dictaba sentencia con voz firme y severa. En la otra, que daba justo a la ventana, un hombre también mayor, quizá de la misma edad, pero con un notable desmejoramiento de su rostro y aspecto que sospeché producido por una vida menos favorecida, parecía compartir tertulia con otros dos parroquianos. La escena era tal cual me lo habían contado. Los dos charlaban animadamente. Los dos hablaban solos.

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Los Cafés de Buenos Aires esconden historias singulares que les permite distinguirse entre sí. El tipo de barriada, los diferentes orígenes inmigratorios, la omnipresencia en el barrio de una fábrica o institución, todo les otorga características propias. En éste la gente habla sola. El dato me fue confiado con el compromiso de no revelar su dirección. El dueño del Café y los vecinos del lugar tienen gran respeto y consideración por los fieles parroquianos que lo frecuentan. No quieren curiosos que inhiban la naturaleza de sus clientes. Lo único que me permito decir es que queda en Parque Patricios y que su entrada no tiene ninguna identificación. Ni falta que hace. No hay nombre que recordar por la sencilla razón de que allí nadie cita a nadie. La gente en este café habla sola.

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Mi primera reacción cuando me confesaron el dato fue de descreimiento. Hoy por hoy, es bastante común ver gente por la calle que habla sola, pero la existencia de un café speak alone friendly me resultó inverosímil. Lo primero que hice fue chequear si en la vecindad no hubiera un hospital psiquiátrico que trabaje con externos. El Borda y el Moyano estaban lo suficientemente distantes como para adherir a la teoría. Que el Café estuviera situado dentro del Distrito Tecnológico tampoco implicaba que fuera un punto de reunión de nerds utilizando telefonía de manos libres. No. La mujer que miraba hacia el interior claramente adoctrinaba a «alguien» con quien compartía la mesa. En la otra se contaban recuerdos de gloriosos players y epopéyicas tardes del glorioso Club Huracán.

Decidí quedarme hasta que ambas charlas terminasen para interrogar tranquilo al mozo. Al rato, con la diferencia de pocos minutos, las dos mesas pidieron la cuenta y se retiraron. El mozo les cobró inmutable. Sin ninguna manifestación perturbadora en su rostro. El hombre hacía su trabajo. Y, por otra parte, en este Café está bien explícito cómo se debe tratar a su clientela.

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Cuando me puse de pie entraron dos nuevas personas y la atención por saber cómo actuarían me hizo volver a mi lugar. La pareja parroquiana se sentó junta y charlaban. Todo dentro de la lógica normalidad. Llamaron al mozo y ordenaron. Fue entonces que el mozo, que se dirigía hacia la barra a buscar el pedido, cruzó frente a mi mesa y no pude controlar el impulso de dejar flotando un comentario cómplice:

Menos mal que llegó gente nueva y no se sientan solos. Por un momento creí que acá estaban todos locos.

Ah, lo dice por estos cuatro. Sí, son dos parejas amigas que siempre vienen a tomar café.

Decata Paul

Sobre Paul (Gorritti 4865, Palermo) no hay mucho que decir que nadie sepa. Porteños, turistas locales o de otros países, conocen esta exclusiva Galería francesa de objetos de decoración para la casa. Sí corresponde señalar su mayor virtud: Paul está tan bien logrado que parece que existiera en Palermo desde incluso antes de que Jorge Luis Borges fundara míticamente Buenos Aires a pocas cuadras.

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Lo nuevo en la Galería es que hace apenas tres meses abrió un Decata Café con una barra al paso y mesas y sillas de lata del tipo jardín que saben dialogar con el entorno de plantas, carpinterías metálicas y objetos reciclados. El efecto alcanzado es el mismo: los que lo visiten por primera vez creerán que el café siempre estuvo ahí y los que vuelvan no podrán imaginar haber ingresado previamente al local francés sin haber atravesado este oasis de tortas y exquisiteses. Sigue leyendo

Fotos que dicen/12

para margot celedonio flores

 

Se te embroca desde lejos, pelandruna abacanada,

que has nacido en la miseria de un convento de arrabal,

porque hay algo que te vende, yo no sé si es la mirada,

la manera de sentarte, de charlar o estar parada,

o ese cuerpo acostumbrado a las pilchas de percal.

 

Ese cuerpo que hoy te marca los compases tentadores

del canyengue de algún tango en los brazos de algún gil,

mientras triunfan tu silueta y tu traje de colores

entre risas y piropos de muchachos seguidores,

entre el humo de los puros y el champán de Armenonvil.

 

Son macanas: no fue un guapo haragán ni prepotente,

ni un cafishio de averías el que al vicio te largó;

vos rodaste por tu culpa, y no fue inocentemente:

¡berretines de bacana que tenías en la mente

desde el día en que un magnate cajetilla te afiló!

 

Yo me acuerdo: no tenías casi nada que ponerte;

hoy usás ajuar de seda con rositas rococó…

¡Me revienta tu presencia, pagaría por no verte!

Si hasta el nombre te has cambiado como ha cambiado tu suerte:

ya nos sos mi Margarita… ¡ahora te llaman Margot!

 

Ahora vas con los otarios a pasarla de bacana

a un lujoso reservado del Petit o del Julien;

y tu vieja, pobre vieja, lava toda la semana

pa’poder parar la olla con pobreza franciscana

en el triste conventillo alumbrado a querosén.

 

 

Margot (Celedonio Flores, 1919)