Crónica Café/La Embajada

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Estación Sáenz Peña, Línea A – Ph: Café contado

El sonido de la chapita rodando por el piso me reanimó. Después de la visita al desalmado 36 Billares en la Avenida de Mayo, la protección buscada en La Embajada, sobre la calle Santiago del Estero, me puso nuevamente en eje. Sigue leyendo

Crónica Café/Gros

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En Buenos Aires llueve. Sentencio sin encontrar mejor modo de estructurar la frase porque las tormentas en noviembre son batallas despiadadas que libran la primavera y el verano. Son cerca de las 9 de la noche y camino por Carlos Pellegrini hacia Libertador. Entro en Gros Café.

El café está concurrido. Detrás mío entra un señor vestido con campera de gamuza (que no se saca durante su cena) y saluda al personal con el conocimiento de parroquiano diario. En otra mesa una pareja de mediana edad charla animadamente. Otros dos venezolanos ocupan una mesa sin apuro ni tiempo ni lugar. La tele está encendida en el canal Gourmet, pero en silencio. Es Louis Amstrong quien nos acompaña con su agradable vozarrón. Sigue leyendo

El ajedrez y los Cafés de Buenos Aires

00-bar“Ya se sabe que el ajedrez y los bares de esta ciudad guardan una historia en común con más de tres siglos de recuerdos. Fue justamente, en el siglo XIX, cuando Buenos Aires no era reina ni plata, que el ajedrez se convirtió en punto de encuentro en los bares; tertulianos con apellidos de abolengo se reunían los domingos, después de misa, en los salones de los cafés Los Catalanes, Marcos, Lloverás, Katuranga, Los 24 billares o Tortoni. Acaso, ese entorno de silencios recónditos, responsable de los cálculos fallidos alentó a esa cofradía a la búsqueda de un espacio recoleto. Así nacieron las primeras salas y clubes de ajedrez.”

 

 

Lee la nota completa de Carlos Ilardo para blogs.lanacion.com.ar

 

 

De los “clandestinos” a Hansen

Av. de Mayo entre Bolivar y Perú_1936 coppola

Ph: Horacio Coppola

Anduvo el cronista recorriendo los recreos, salones, teatros y teatrillos que podrían considerarse antecedentes del cabaret en la medida en que, aparte de presentar números musicales o más o menos artísticos, también ofrecían un servicio de bebidas y comidas. Proponía, entonces, rumbear para el lado de Palermo, donde floreció una serie de locales similares entre fines del siglo XIX y la segunda década del XX que ha ingresado en la mitología de Buenos Aires. Sin embargo, sería injusto no mencionar antes algunos salones más reservados en los que se daban las mismas circunstancias y constituían lugares de sociabilidad, los llamados “clandestinos”. Sí, estimado lector, no se escandalice… Esos establecimientos más o menos lupanarios eran también centros de reunión en los que se alternaba tanto con las damas como con amigos o conocidos con los que se cerraban negocios o tramaban artimañas políticas o electorales mientras un pianista o una orquestilla amenizaban la velada. Muchos personajes que ahora son próceres (y que no nombraremos porque tienen descendientes) los frecuentaron, como uno que existía en la calle Cerrito entre Cangallo y Bartolomé Mitre, en la manzana que se llevó la 9 de Julio, y tenía fama de ser el más lujoso de su tiempo. El destacado periodista Roberto Llanes evoca, en su libro Recuerdos  de Buenos Aires (Cuadernos de Buenos Aires Nº XI; Buenos Aires, MCBA, 1959, p. 47 y ss.), estos salones: “Dentro del contorno céntrico cuyos límites hemos señalado (Bartolomé Mitre, Córdoba, Florida, Cerrito) eran en buen número las casas francesas que hospedaban exclusivamente a mujeres con más o menos filiación de artistas (…) Se nos ha quedado en la memoria, y como fundidas con lentitudes de repetidas brasas algunas numeraciones de aquellas casas en las cuales, no una, sino muchas veces, tuvimos ocasión de ver verdaderos banquetazos donde el desprendimiento de los adinerados muchachos porteños hacía ostentación en las repetidísimas botellas de champagne Pommery, Moët Chandon y otras marcas (…) Y varias de ellas continúan en su respectivo lugar: Bartolomé Mitre 754, frente al primitivo café de Los 36 Billares, finca que con los años ocuparía el Conservatorio Musical de don Alberto Williams; Cerrito 475 y 590; Esmeralda 334, 454 y 543; Carlos Pellegrini 573 y 690; Maipú 494; Cuyo 732; Lavalle 715; Suipacha 452 y Maipú 306 (…)”. Sigue leyendo

Del Variedades y el Casino

El cronista callejero está cumpliendo este año la reiterada promesa (o amenaza) de recorrer los cabarets, dancings y otros peringundines que en Buenos Aires han sido, y a tal efecto debe continuar su reseña de aquellos establecimientos que a fines del siglo XIX y comienzos del XX se pueden considerar sus antecedentes. Ya anduvo por los primeros recreos y cafés-concert y, en la última entrega, recordaba al Alcázar y al Pasatiempo, quizá los primeros lugares de mala fama debido a su selecto público de “niños bien” y no tan bien que engrosaron los archivos de la patota porteña y fueron los padres de aquellos otros que alborotarían las noches del Hansen, el Tambito y demás recreos del viejo Palermo.

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José Gregorio Lezama

Así pues, y siguiendo en lo posible el hilo cronológico, le toca al cronista acercarse al Variedades, que ocupó un solar de la calle Esmeralda hoy convertido en estacionamiento. ¡Y qué solar lleno de historia, caramba! Estamos hablando de la esquina sureste de Corrientes y Esmeralda, que allá por 1870 era propiedad de Emilio Castro, gobernador de la provincia de Buenos Aires y que, según Alfredo Taullard (en el ya citado Historia de nuestros viejos teatros), fue adquirido con malas artes por José Gregorio Lezama que construyó el teatrillo Variedades, inaugurado el 25 de mayo de 1872. Este señor Lezama merece un párrafo aparte: es sabido que el Parque Lezama era su quinta y por él lleva su nombre, pero en general se desconoce que poseía grandes extensiones de tierra en la Provincia, como el actual partido de Lezama, e incluso un “terrenito” sobre el Riachuelo que abarcaba gran parte del fondo de Barracas, Parque Patricios y Pompeya en el cual funcionó la primera quema de basuras allá por 1870. Sigue leyendo